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LOS ZAPATOS DE SADAN

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"Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores... herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados” (Isa. 53:4, 5).

El rostro de Sadan, uno de los pacientes del leprosario del Dr. Brand, se veía normal, pero sus pies ya comenzaban a demostrar las huellas que la enfermedad iba dejando en él. Uno de sus pies había llegado a medir la mitad de su tamaño original, debido a las infecciones en sus huesos. Mucho de esto se debía a las constantes lesiones que se generaban en la calle sin que él sintiera nada.

El doctor se propuso inventar un zapato que distribuyera la tensión en forma pareja por todo el pie, para que la piel pudiera soportar más los choques contra las diferentes superficies. Probaron prótesis de yeso, zapatos de plástico moldeados con moldes de cera -especialmente diseñados para su pie-, botas altas y firmes, suelas flexibles y esponjosas: todo sin resultado.

Después de un arduo día de trabajo, el médico hacía las veces de carpintero y fabricaba un sueco especial de madera, donde tallaba las diferentes hendiduras del pie de Sadan para hacerlo encajar a la perfección.

Tarde o temprano, aparecía una nueva llaga o alguna señal de que el tratamiento no estaba dando resultado. Pero vez tras vez Brand hacía un nuevo intento y observaba y palpaba minuciosamente cada centímetro de la piel del pie de Sadan hasta encontrar una nueva revelación que le permitiera hacer algún avance. En un momento dijo: “Con el correr de los meses, yo había aprendido a sentir el dolor que él no podía sentir”.

Gracias a las manos de este dedicado especialista, Sadan pudo sentir algo propio que ya no sentía.

¡Cuánto de esto hay similar en nuestra historia con Dios!

Jesús se acercó a nosotros, nos encontró en medio de la enfermedad de este mundo, buscó la forma de que cada uno, según su necesidad personal, pudiera aprender a caminar y sentir un poco de lo que el diseñó como plan original.

Sin embargo, vez tras vez las manchas del pecado surgen en lugares inusitados y hay que volver a empezar. Pero él aprendió a sufrir nuestro dolor y por su llaga fuimos curados.

¿Qué puntos sensibles de tu vida puede tocar el Médico de los médicos para ayudarte en tu caminar hoy?

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