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EL TEMPLO: ¿MANANTIAL DE VIDA O INSTRUMENTO DEL ENEMIGO?

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"¿Acaso no saben que su cuerpo es templo del Espíritu Santo, quien está en ustedes y al que han recibido de parte de Dios? Ustedes no son sus propios dueños; fueron comprados por un precio. Por tanto, honren con su cuerpo a Dios" (1 Cor. 6:19, 20, NVI).

Todos los aspectos de la mayordomía son importantes. Sin embargo, lo primero que se nos entrega es el templo, nuestro cuerpo. De la conciencia que tengamos de su valor y del buen uso que hagamos de él dependerá que podamos cumplir correctamente con las otras áreas que nos toca administrar como mayordomos.

Ayer meditábamos en la importancia de descansar, de darle a nuestro cuerpo la oportunidad de liberarse del estrés tan corriente hoy, de colocarnos en los brazos de quien nos armó y sabe lo mejor para nosotros y nuestro funcionamiento. Pero hay tantos consejos y tantos aspectos a tener en cuenta, que muchas veces pasamos por alto o que ni consideramos...

Somos una máquina maravillosamente formada, con funciones microscópicas y macroscópicas que nos pueden dejar asombrados, que se dan segundo a segundo sin que nos enteremos y que llevan a cabo todas las tareas necesarias para protegernos.

"El hombre debía llevar la imagen de Dios, tanto en la semejanza exterior como en el carácter. [...] Su naturaleza estaba en armonía con la voluntad de Dios. Su mente era capaz de comprender las cosas divinas. Sus afectos eran puros; sus apetitos y pasiones estaban bajo el dominio de la razón. Era santo y se sentía feliz de llevar la imagen de Dios y de andar en perfecta obediencia a la voluntad divina" (Patriarcas y profetas, pp. 25, 26).

¿Podemos decir lo mismo de nosotros? Cada día, con cada decisión que tomamos, con cada cosa que comemos, con las actividades que hacemos o con la información que ingresa a nuestro cuerpo, estamos eligiendo constantemente una cosa en vez de otra; y estamos eligiendo a quién parecernos.

Ese primer sábado, Adán estaba nuevecito. No es nuestro caso. Pero en este día de descanso podemos renovar nuestro pacto con Dios, reconocerlo como el Creador de este maravilloso y milagroso cuerpo que nos dio, y pedirle que nos ayude a llevar una vida sana, más semejante a él.

Te animo a que cada día de la semana te propongas mejorar uno de los aspectos de tu salud que esté un poco descuidado.

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