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LAS PIEZAS DEL ROMPECABEZAS

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"El cuerpo humano tiene muchas partes, pero las muchas partes forman un cuerpo entero. Lo mismo sucede con el cuerpo de Cristo" (1 Cor. 12:12, NTV).

El rompecabezas es un juego de mesa que consiste en ir uniendo piezas para formar una figura. Cuando John Spilsbury, experto en mapas, recortó alrededor de las fronteras de los países, estableció así una forma educativa de enseñar geografía que fue utilizada por muchos años.

Los primeros rompecabezas eran en madera, cortados a mano y no venían con una imagen de referencia como vienen hoy, sino que los que se enfrascaban en su armado debían contentarse con el título y una buena imaginación para deducir de qué se trataba.

En el siglo XX se introdujeron los bordes irregulares, las falsas esquinas y otras maneras de desafiar a los aficionados.

No sé si te gusta armar rompecabezas, si te gustan los juegos que proponen este tipo de desafío y si tienes la paciencia que se requiere para armar uno.

El rompecabezas más grande del mundo tiene 1.141.800 piezas y mide 20x30 m. Quince mil personas lo armaron. Se trataba en realidad de 4.000 rompecabezas, con diferentes paisajes, animales y mapas, que finalmente se unieron y fueron llevados a la plaza mayor de la ciudad, en Ravensburg, Alemania.

Tú y yo formamos parte de un gran rompecabezas. Entre tantas piezas, puedes creer que eres una más. Puedes parecerte tanto a algunas otras piezas, que a veces es difícil saber bien dónde estás. Pero Dios te ha hecho único y ocupas un lugar importante en la obra final. Aunque todas las otras miles de piezas estén, se notará tu ausencia.

“Así como los diferentes miembros del organismo humano se unen para formar el cuerpo entero y cada uno cumple su parte obedeciendo a la inteligencia que gobierna el todo, de la misma manera los miembros de iglesia de Cristo deben estar unidos en un cuerpo simétrico, sujeto a la inteligencia santificada del conjunto (Consejos para la iglesia, p. 357).

Quizá sientes más afinidad con algunas “piezas”, y es cierto que encajarás mejor en algunos lugares, pero siéntete parte de un todo y ayuda a los que están a tu alrededor a hacerlo también.

No tenemos una imagen concreta del cielo, pero sabemos que fuimos hechos a imagen de Dios y él nos ayudará a formar la imagen final.

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