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SEÑOR JESÚS, EL DÍA YA SE FUE

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"Mas ellos le obligaron a quedarse, diciendo: ‘Quédate con nosotros, porque se hace tarde, y el día ya ha declinado’. Entró, pues, a quedarse con ellos" (Luc. 24:29).

Henry Francis Lyte fue un sacerdote anglicano que vivió a mediados del siglo XIX. Desde joven, tuvo problemas de salud y acostumbraba viajar a lugares más secos para aliviar su enfermedad. Al final de su vida fue diagnosticado con tuberculosis y su salud se fue deteriorando cada vez más, hasta que murió en 1847.

Escribió esta oración, inspirada en el pedido de los discípulos, y en la versión original inglesa repetía al final de cada estrofa: “Quédate conmigo”.

Este himno habla del final del día y del final de la vida, ya veces se lo considera un tanto fúnebre. Pero lo que más resalta es la continua presencia y compañía divina.

¿Acaso podríamos decir, como el autor: “Jesús conmigo en vida y muerte fue"? ¿Hacemos de Jesús nuestro compañero a cada momento?

Como requisito para una materia del profesorado de música, con mis compañeros tuvimos que preparar todo el servicio de adoración del sábado de mañana. Ese día había Santa Cena y, mientras la gente volvía de lavarse los pies, abrimos un espacio de alabanzas que fue inolvidable y muy espontáneo. Invitamos a que diferentes personas de la congregación compartieran cuál era su himno favorito y por qué, y luego lo cantábamos. En una iglesia tan grande, con miles de miembros, esta hermosa propuesta sirvió para reforzar el sentido de familia y cercanía, y además para conocer algunas vivencias personales inspiradoras.

Recuerdo que uno de nuestros queridos profesores, formador de generaciones de profesores de educación física, contó que este era su himno preferido y recordaba que su papá lo pedía siempre para el culto vespertino. Regresó a su asiento y, cuando comenzamos a cantarlo, comenzó a llorar.

No voy a olvidar nunca esa imagen de ese hombre de Dios que, a pesar de ya no tener a su padre terrenal, contaba con el consuelo y la amistad del Padre celestial.

Cada día termina con sus afanes, tristezas, desafíos y alegrías. Cada día podemos agradecerle a Dios por su compañía y pedirle que, al llegar la noche, se quede con nosotros.

Te invito a que escuches y cantes este himno hoy, y que veas la forma de abrir un espacio de adoración en tu iglesia, similar al que tuvimos nosotros esa vez.

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