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LA BELLEZA DE LA BONDAD

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“Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor para con los hombres, nos salvó...” (Tito 3:4, 5).

En una presentación sobre misión intercultural, una reconocida oradora habló sobre la existencia de una tribu que visitó. Al hablar con las aldeanas, les pidió que la llevaran a ver la mujer más hermosa de la tribu. Sin vacilar y unánimemente, las mujeres señalaron en dirección de la choza de dicha mujer. Al acercarse, la doctora descubrió que distaba mucho de los cánones habituales de belleza, pero sin decir nada saludó a aquella mujer que vestía una sonrisa radiante y que la recibía con amor y bondad. Las mujeres le explicaron que esa era la mujer más hermosa de la tribu, la más bondadosa de todas.

Es interesante que, en un mundo donde la belleza exterior es la que muchas veces más se exalta, con estereotipos marcados por las revistas de moda y el cine, aún existan lugares donde la belleza interior es la que se considera verdaderamente especial.

En una de las provincias de Sudáfrica, una tribu usa un saludo hermoso. Consiste en una sola palabra, pero engloba un significado muy extenso y profundo. Sawubona, en zulú, significa "te veo, eres importante para mí y te valoro”. Cuando en esta comunidad alguien realiza un acto inadecuado u ofensivo, todo el poblado lo rodea y, durante dos días, lo saludan de esta manera, le recuerdan sus buenos actos, sus virtudes, sus aciertos y sus cualidades. La respuesta a este saludo es shikoba y significa "me siento aliviado al saber que existo para ti”.

¿Cuán a menudo demostramos este tipo de bondad? ¿Cuán a menudo nos detenemos para hacer sentir importante y valioso al otro? ¿Cuán a menudo alimentamos la vanidad -la nuestra y la de otros, llenando de "Me gusta" imágenes que no necesariamente son ejemplo de belleza? ¿Cuán a menudo rodeamos de amor a las personas que se equivocan y nos lastiman? ¿Podrían señalarnos como las personas más bellas según el estándar de esa tribu?

"Anden siempre en la luz de Dios. Mediten día y noche en su carácter. Entonces verán su belleza y se alegrarán en su bondad. El corazón de ustedes brillará con un destello de su amor. Serán levantados como si los llevaran brazos eternos” (El colportor evangélico, p. 220).

Nos pareceremos a aquello que contemplemos. Acostumbremos nuestros ojos a mirar con el estándar de belleza establecido por el Creador.

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