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LAS HORAS PASAN

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"Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud” (Ecl. 12:1).

En el campus de la universidad donde estudié, hay un gran reloj y un cartel con la frase: "Las horas pasan. Daréis cuenta de ellas”. Todos los que han pasado la han leído al menos una vez. ¿Es acaso una condena? ¿Una advertencia? ¿Una lección? ¿Una oportunidad? ¿Una frase que puede cambiar el rumbo de una vida? ¿Una invitación a vivir de forma más ordenada e intensa? Cada uno elige cómo tomarla.

Lo cierto es que Dios nos ha dado el tiempo como un regalo y una gran responsabilidad que también tenemos que administrar.

Recuerdo que, cuando tuve mi primer celular, me adherí a cierta empresa. Tenía cien minutos por mes para hablar. En esa época aún no existía WhatsApp ni otras formas de comunicación gratuita. Los cien minutos a veces los empleaba en llamadas bien cortas, y me sobraban. Otras veces, sin darme cuenta, se me iban por completo en una conversación con alguna amiga a la distancia. Ya no podía volver atrás. Por otro lado, si no usaba algunos, no se sumaban a los minutos del mes siguiente.

Lo mismo sucede con el tiempo que Dios nos da: 1.440 minutos por día. Son muchos, pero pueden parecer pocos. De nuestra correcta administración de ellos dependerá el valor que tengan y la utilidad que les demos.

Elena de White dice: "Hagan tan perfecta como sea posible su vida estudiantil. Recorrerán ese camino una sola vez. Y de ustedes mismos depende que la tarea sea un éxito o un fracaso. A medida que tengan éxito en adquirir el conocimiento de la Biblia, estarán acumulando tesoros para impartir" (Mensajes para los jóvenes, p. 177).

Quizá ya no estás estudiando. Quizá sí. Pero el estudio de la Biblia debe ser una constante en nuestra vida y eso nos convierte en estudiantes hoy. El tiempo que él nos da debiera ser una inversión para la eternidad.

Tenemos este día para relacionarnos de forma más cercana con él. Pidámosle que nos ayude a evaluar en qué forma estamos invirtiendo nuestro tiempo ya organizarnos para esta próxima semana.

Un amigo daba su diezmo de las 24 horas. Cada día dedicaba 2 horas y 40 minutos al estudio de la Biblia, la oración y a alguna otra actividad espiritual específica. Esta es solo una idea, pero sería interesante que en una hoja anotes ciertas decisiones relacionadas con tu tiempo y te propongas ponerlas en práctica esta semana. ¡Dios te ayudará!

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