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LA ESTATUA DE LA LIBERTAD

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"El testigo verdadero jamás engaña; el testigo falso propaga mentiras” (Prov. 14:5, NVI).

Toda la vida la había visto en películas e imágenes. Ahora estábamos a punto de subirnos al ferry que nos llevaría a la Isla de la Libertad, donde se encuentra ubicada la famosa Estatua de la Libertad, y a la Isla Ellis, donde está el Museo del Inmigrante, en la bahía de Nueva York.

En solo treinta años, a comienzos del siglo XX, habían llegado más de doce millones de personas en busca de libertad y de un futuro más promisorio. Los inmigrantes la veían a lo lejos cuando llegaban y era como un símbolo de bienvenida para sus agobiados corazones.

Nosotros también llegábamos ese día desde lejos y esperábamos subirá la corona, pero nos encontramos con que estaba cerrada y en remodelación. En la isla no había mucho para hacer y, ese lugar que se mostraba tan maravilloso, era en realidad muy pequeño y un tanto aburrido. No nos quedaba otra que esperar hasta que llegara nuevamente el ferry para llevarnos a la ciudad.

En el restaurante obsequiaban unas grandes monedas doradas con la imagen de la cabeza en relieve. Como ícono nacional, la Estatua aparece en monedas y estampillas estadounidenses. Pero a nosotros nos estaban dando solo una réplica.

Todo ese día me pareció poco libre y un tanto falso. No tengo nada en contra del monumento en sí, por supuesto, pero me hizo reflexionar,

Tantos millones de personas la visitan cada año, cuando en realidad es símbolo de una libertad que en este mundo no llega a ser real... Tantas monedas se reproducen de forma falsa para que los visitantes se lleven un recuerdo gratuito... Tantas veces buscamos libertad y autenticidad en cosas pasajeras y vanas...

Hablando de monedas, quizá sería bueno recordar que, a la hora de determinar cuándo una moneda es falsa, es imprescindible conocer la original. Las más fáciles de confundir serán aquellas que más se parezcan a la versión real.

El enemigo es astuto y buscará por todos los medios hacernos creer cosas que erróneas, convencernos de que hemos alcanzado cosas ilusorias y hacernos olvidar el diseño original.

Asegurémonos hoy de conocer a qué patria libre queremos llegar, y que la moneda corriente que usemos sea la del correcto valor celestial.

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