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EL CÁNTICO DE MOISES

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"¿Quién, Señor, se te compara entre los dioses? ¿Quién se te compara con grandeza y santidad? Tú, hacedor de maravillas, nos impresionas con tus portentos" (ÉXO. 15:11, NVI).

¿Puedes imaginarte a esta cantidad de gente cantando? Eran casi un millón de personas que prorrumpían en un canto de gozo. Muchas más de las que escuchamos de forma estridente en los estadios. Habían pasado del miedo a la libertad. Y de repente, por todo el desierto, el mar y las montañas, resonaba este eco. Debe haber sido un espectáculo increíble.

No sabemos si en la historia de la humanidad un grupo tan grande de personas se unió otra vez a cantar simultáneamente en el mismo lugar. Probablemente, no.

Este canto representaba la victoria sobre el enemigo, y también la victoria final del pueblo de Dios. Juan dijo: "Vi también un mar como de vidrio mezclado con fuego. De pie, a la orilla del mar, estaban los que habían vencido a la bestia, a su imagen y al número de su nombre. Tenían las arpas que Dios les había dado, y cantaban el himno de Moisés, siervo de Dios, y el himno del Cordero” (Apoc. 15:2, 3, NVI).

Elena de White también dice que este himno de acción de gracias es uno de los más sublimes que el hombre conoce.

No conocemos su melodía aún, pero su mensaje tiene que estar grabado en nuestras memorias y lenguas.

"La historia de la vida de Israel en el desierto fue escrita para beneficio del Israel de Dios hasta el fin del tiempo. El relato de cómo trató Dios a los peregrinos en todas sus idas y venidas por el desierto, en su exposición al hambre, a la sed y al cansancio, y en las destacadas manifestaciones de su poder para aliviarlos, está lleno de advertencias e instrucciones para su pueblo de todas las edades. [...] Dios quiere que su pueblo de estos días repase con corazón humilde y espíritu dócil las pruebas a través de las cuales el Israel antiguo tuvo que pasar, para que puedan ser instruidos en su preparación para la Canaán celestial” (Patriarcas y profetas, pp. 298, 299).

Pronto, muy pronto, llegaremos a la Canaán celestial, y de nuestros labios no quedará otra respuesta que la de alabar y unirnos en este cántico.

Lee Éxodo 15:1 al 18 para ir familiarizándote con la letra.

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