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UN REGALO CUESTIONADO

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"Después de saludarlos, Pablo les relató detalladamente lo que Dios había hecho entre los gentiles por medio de su ministerio" (Hech. 21:19, NVI).

Pablo llegó a Jerusalén y compartió con sus hermanos judíos las ofrendas que los hermanos gentiles les habían enviado. Ellos se habían privado de muchas cosas por mucho tiempo para enviar esta ofrenda que representaba su lealtad como nuevos conversos a la obra de Dios organizada a nivel mundial.

Pero en Los hechos de los apóstoles, se nos dice que no todos supieron apreciar este esfuerzo y la inspiración de estos donativos (pág. 329). ¡Qué triste historia! ¡Cuán difícil debe haber sido para Pablo ver la reticencia de sus hermanos judíos a aceptar a sus hermanos gentiles y verlos despreciar la buena voluntad de ellos! Y a la vez, ¡qué ejemplo para nosotros de entrega dedicada por parte de los gentiles!

Recuerdo que, con una clase de Escuela Sabática, nos habíamos propuesto juntar una ofrenda aparte de la que se juntaba de forma habitual en cada clase. Teníamos el proyecto de construir una escuela en un país de África, comprar dos vacas lecheras para la Universidad Adventista en Rwanda y colaborar con los gastos de los misioneros en un país de Asia Central. Gracias a Dios y a la buena disposición de los chicos, pudimos reunir lo suficiente para llevar a cabo los tres proyectos. Por varios meses, fijándonos blancos, juntamos dinero adicional cada sábado. Pero ¿qué hubiera pasado si al llegar a destino lo hubieran rechazado o hubieran dicho que no podían aceptarlo porque el código de vestimenta de nuestro país era diferente al suyo?

Hoy, con una iglesia mundial tan instalada, quizás ese pensamiento nos parece absurdo. Sin embargo, muchas veces tenemos prejuicios respecto a la adoración en otras culturas, a sus formas de evangelizar y a tantas cosas más. Por supuesto que hay principios inamovibles, pero, así como pasaba en la incipiente iglesia de esa época, entre nosotros también hay prejuicios, diferencias y distancias que se pueden salvar fácilmente con la ayuda del Espíritu Santo y nuestra disposición.

Una de las formas de hacerlo es colaborar desinteresadamente con lo que podamos para que se cumpla el objetivo primero y final de las ofrendas: llevar el evangelio a toda nación, tribu y lengua.

Más allá de una ofrenda económica, ¿cómo puedes unirte más a la iglesia mundial hoy? Muéstrate abierto a diferentes culturas e investiga más la realidad de la iglesia en diferentes países. El acto de ofrendar será más significativo y consciente.

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