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¿ACASO ROBA EL HOMBRE A DIOS?

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"¿Acaso roba el hombre a Dios? ¡Ustedes me están robando! Y todavía preguntan: ‘¿En qué te robamos?' 'En los diezmos y en las ofrendas'" (Mal. 3:8, NVI).

En Sudamérica es habitual que los sábados, como parte de la liturgia, se comparta la experiencia de diferentes miembros de iglesia sobre la fidelidad a Dios en los diezmos y ofrendas. Las historias son asombrosas y no solo muestran a un Dios que prospera en lo material, sino que trae cientos de bendiciones aparejadas, sobre todo con relación a la salvación de más personas y la propagación del evangelio. No predicamos un evangelio de la prosperidad, pero sí es cierto que muchas personas han prosperado gracias al manejo de sus bienes, siguiendo los principios bíblicos de mayordomía; no solo en cuanto al diezmo, sino a los pactos y ofrendas.

No siempre la bendición es material, pero la obediencia siempre trae su recompensa en sí y no hay nada como una conciencia limpia en este aspecto.

"Los hombres, si así lo prefieren, pueden rehusar relacionarse con su Hacedor; pueden negarse a entregarse a su servicio, y utilizar indebidamente los bienes que le fueron confiados; pueden dejar de ejercer frugalidad y abnegación, y pueden olvidar que el Señor requiere que le devuelvan una parte de lo que él les ha dado. Tales personas son mayordomos infieles. Un mayordomo fiel hará todo lo que puede en el servicio de Dios; su gran preocupación será la necesidad del mundo" (Consejos sobre mayordomía cristiana, p. 86).

Tengo varias experiencias que muestran la fidelidad absoluta de parte de Dios cuando cumplimos con nuestra parte y nos disponemos a colaborar con él y sus intereses eternos.

Probablemente viste el video del niño que, conmovido por las historias de hambre de unos niños en un país muy necesitado, decidió dar todo lo que tenía -sus escasos dos dólares- para satisfacer las necesidades de veinte niños. A veces no dimensionamos el valor de lo que tenemos, ni dimensionamos el valor exponencial y el uso que Dios puede darle a nuestros diezmos y ofrendas.

Si tienes diezmo atrasado, pídele ayuda a Dios para saldar tu deuda de alguna forma y seguramente te va a ayudar, como lo hizo con Zaqueo y con tantos más a lo largo de la historia.

Te animo a que lo pruebes en esto y comiences a coleccionar historias de fidelidad tú también. ¿Qué pasaría si diéramos más? ¿Qué puedes dar hoy?

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