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LA MÚSICA ES UN SUEÑO

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“-Bien, -les respondió Saúl-, consíganme un buen músico y tráiganlo. Uno de los cortesanos sugirió: -Conozco a un muchacho que sabe tocar el arpa. Es valiente, hábil guerrero, sabe expresarse y es de buena presencia. Además, el Señor está con él” (1 Sam. 16:17, 18, NVI).

Alice Herz-Sommer fue una pianista judía que vivió 110 años y falleció en el 2014. Era profesora de música y fue enviada al campo de concentración de Theresinestadt, en el Protectorado de Bohemia y Moravia, cuando tenía 39 años, junto a su hijito Raffi. Ese campo servía como lugar de paso a los campos de exterminio y también como lugar de retiro para judíos ancianos, para engañar a otros respecto a su destino final. Tenía una vida cultural muy rica, con conciertos y un coro de niños. Allí, Alice y Raffi encontraron el salvavidas para sobrevivir. Si eran músicos, tenían más probabilidades de salvarse, porque brindaban algo que se apreciaba en aquel lugar.

Alice, al saber que allí podrían tocar, pensó: "Si es un lugar donde podemos tocar, entonces no puede ser tan terrible".

Sí, era terrible, pero también es cierto que pudieron sobrellevar la situación con mucha más holgura que otros judíos.

Llena de entusiasmo, con unas cómodas zapatillas, un collar de perlas y una sonrisa brillante y contagiosa, Alice habla sobre la música como un sueño y como la mayor expresión del arte en una entrevista que le realizaron como parte de lo que se convertiría en un exitoso y muy premiado documental.

Al decir que la música es algo que se siente especialmente en momentos difíciles, cuando uno está sufriendo, hizo referencia a que es como una religión, que la música es Dios.

Totalmente convencida, dijo que aún lo malo puede ser hermoso. Contó que a los conciertos se acercaban personas muy ancianas y enfermas, y al escuchar los primeros acordes rejuvenecían y recuperaban un poco el aliento para seguir.

Este don que Dios nos permite experimentar acá en la Tierra será una de nuestras ocupaciones en el cielo.

"Cada vez que el espíritu de parte de Dios atormentaba a Saúl, David tomaba su arpa y tocaba. La música calmaba a Saúl y lo hacía sentirse mejor, y el espíritu maligno se apartaba de él” (1 Sam. 16:23).

Seguramente hoy puedes encontrar la forma de recobrar valor por medio de la música y compartirla con alguien que también necesite calma. Que otros te reconozcan, como pasó con David, porque Dios está contigo.

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