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LA OFRENDA DE LA HOSPITALIDAD

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"Él se hospeda con Simón el curtidor, que tiene su casa junto al mar" (Hech. 10:6, NVI).

Cornelio había obedecido. Este hombre rico mandó buscar a Pedro y aquí nos encontramos con la segunda parte de la historia.

Pedro se estaba hospedando en la casa de Simón, el curtidor. Solo sabemos que su casa quedaba junto al mar, y que tenía el don de la hospitalidad. Su terraza fue el escenario de una de las visiones más importantes dadas a Pedro.

De Simón también podemos extraer una gran lección. Muchas veces no tenemos grandes ingresos o riquezas materiales, pero nuestra casa siempre puede ser un lugar que albergue a las personas y les permitan tener un encuentro con Dios.

Apenas llegamos a los Estados Unidos, unos hermanos de iglesia nos recibieron en su sótano. Todos los hermanos habían colaborado con algún mueble y con utensilios de cocina necesarios. No era lujoso, pero no faltaba nada en nuestro acogedor hogar provisorio.

En ese lugar, varias familias se caracterizaban por ser hospitalarias. Sus techos y alimentos eran parte de las ofrendas que daban para que otras personas se sintieran a gusto, contenidas y recibidas en una familia que después se transformaba en iglesia, y viceversa.

Recuerdo de forma especial a los líderes de jóvenes y maestros de Escuela Sabática. Ellos daban de sus propios recursos para recibir a todo el grupo de adolescentes de la iglesia una vez por semana para un grupo pequeño y otra vez el sábado de noche para compartir alguna actividad social.

Dios bendijo esos esfuerzos y los jóvenes se mantuvieron involucrados en la iglesia, en gran parte gracias a eso. Además, el Club de Conquistadores funcionaba en la casa de una familia que cada domingo nos recibía con el desayuno antes de comenzar las actividades.

Tu forma de ofrendar puede ser esta también. Que una persona se sienta querida en tu hogar y conectada con Dios no es algo para nada menor, ya veces es la puerta ideal para después llevarla a otra relación más cercana con Dios.

Así que, independientemente de tus ingresos, puedes hacer mucho si te pones en las manos del divino Proveedor. Él multiplicará tu disposición y fructificará tu labor desinteresada y dedicada.

Recuerda: la ofrenda de la viuda fue casi insignificante en valor, pero con total entrega del corazón. Eso es lo que Jesús usa en su obra con mayor esplendor.

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