Regresar

UN ENCUENTRO CON LA LEVADURA

Play/Pause Stop
“Los fariseos y los saduceos se acercaron a Jesús y, para ponerlo a prueba, le pidieron que les mostrara una señal del cielo" (Mat. 16:1, NVI).

Gedeón le pidió no una, sino dos pruebas a Dios. Dios se las concedió. Quizás alguna vez le pediste una prueba o señal de algo y él te la mostró... o no.

Lo cierto es que los fariseos se acercaron a Jesús pidiéndole una señal cuando él ya había demostrado suficientes y cuando, en realidad, para ellos nada hubiese alcanzado.

"Lo que indujo a los judíos a rechazar la obra del Salvador era la más alta evidencia de su carácter divino. El mayor significado de sus milagros se ve en el hecho de que eran para bendición de la humanidad. La más alta evidencia de que él venía de Dios estriba en que su vida revelaba el carácter de Dios" (El Deseado de todas las gentes, p. 373).

¿Cuántas veces pedimos señales a Dios cuando él ya se ha manifestado con claridad respecto al mismo tema que le estamos cuestionando? ¿Cuántas veces nuestro orgullo y presunción nos ganan en la lucha ciega por hacer valer nuestra voluntad por encima de cualquier cosa?

Así como Jesús no respondió a ciertas peticiones de Satanás en la tentación, nosotros no tenemos porqué demandar respuesta o explicaciones de algunas cosas.

Las transformaciones en la vida de las personas son milagros que a veces obviamos solamente porque no vienen en el envoltorio que hubiésemos esperado.

Los amaneceres y las bendiciones continuas son suficientes para demostrarnos la existencia de Dios, y aun así a veces dudamos de su carácter.

Lo único que tiene que preocuparnos es que nuestro corazón no esté endurecido y que no demos lugar a que crezca la levadura de la incredulidad y el escepticismo.

"Es el amor al yo, el deseo de un camino más fácil que el señalado por Dios, lo que induce a substituir los preceptos divinos por las teorías y tradiciones humanas. [...] Cuando la fe que aceptamos destruye el egoísmo y la simulación, cuando nos induce a buscar la gloria de Dios y no la nuestra, podemos saber que es del debido carácter" (ibíd., pp. 376, 377). ¡He ahí la única señal que necesitamos!

Pidámosle a Dios que nos ayude a liberarnos de la levadura, que no crezca ni un poquito en nuestro medio y que podamos ser nosotros mismos pruebas vivientes de su amor.

Matutina para Android