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UN ENCUENTRO EN LA LLANURA

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"Les aseguro que, si tuvieran fe tan pequeña como un grano de mostaza, podrían decirle a esta montaña: ‘Trasládate de aquí para allá', y se trasladaría. Para ustedes nada sería imposible” (Mat. 17:20, NVI).

Hay una gran cantidad de realidades diferentes presentes en esta historia. Jesús, Pedro, Santiago y Juan acaban de bajar del monte después de la Transfiguración. El resto de los discípulos rumia sus celos por no haber participado de esa ocasión y su decepción por no poder sanar al endemoniado. Por otra parte, está el padre desesperado con su hijo lleno de heridas por el agua y el fuego, consecuencia de sus convulsiones de poseso. La multitud expectante se agolpa una vez más. Los rabinos y los escribas se burlan de la situación y declaran que no hay esperanza para este joven. ¿A quiénes va a abordar primero Jesús? A todos, porque a todos les falta, de formas diferentes y de forma individual.

Toda la situación demanda más fe de la que se suma en los incrédulos corazones, y el padre lo reconoce. Reconoce audiblemente su duda, su incredulidad, y más tarde su fe. Pero escasea, y a Jesús eso lo entristece y le preocupa. Tiene que haber más.

Jesús hizo allí un milagro de sanidad, y a la vez enseñó una de las lecciones más inolvidables de las Escrituras. Sus comparaciones nunca pasaron inadvertidas, y han surtido su efecto a lo largo de todas las generaciones.

Pensar que el árbol de mostaza, tan frondoso, alto y fuerte, viene de una semillita tan pequeña y fácil de perder, es algo que realmente nos tiene que hacer pensar.

En esos milímetros de tamaño esconde la genética para que crezcan kilómetros de recorrido de savia y metros de altura y anchura, si se le da espacio y libertad.

Los discípulos acababan de participar de la gloria de la montaña, pero tenían que volver a llanura y enfrentarse con las necesidades y la realidad.

Mañana tendremos un día de encuentro especial con Dios, pero después de eso comenzará otra semana y tendremos que volver a la llanura a enfrentarnos con las luchas de todos los días, esas que requieren fe.

"Es la fe la que nos conecta con el Cielo y nos imparte fuerza para luchar con las potestades de las tinieblas. [...] Los obstáculos que Satanás acumula sobre nuestra senda, aunque aparentemente tan insuperables como las altísimas montañas, desaparecerán ante el mandato de la fe” (El Deseado de todas las gentes, pp. 396, 398).

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