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Una luz que atrae

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«Ustedes son la luz del mundo». Mateo 5:14, NTV

¿Sabías que a muchos niños y niñas como tú no les gusta la oscuridad? Aunque no hay nada que temer en la oscuridad, preferimos que mami o papi dejen una luz encendida cuando dormimos.

¿Alguna vez has mirado la noche oscura y has visto pequeñas luces que se mueven? Si vives en una ciudad, tal vez no; pero si has ido o vives en el campo, seguro que sabes a lo que me refiero. Esas luces son luciérnagas.

Las luciérnagas son animales muy interesantes. Ellos pueden producir luz en su barriguita y la pueden encender y apagar cuando quieren. Pero lo más interesante es la forma como usan esa luz. Déjame contarte.

Imagina una familia de luciérnagas, compuesta por papá luciérnaga, mamá luciérnaga y los bebés luciérnagas. Papá luciérnaga puede volar e ir a todas partes, pero mamá luciérnaga no vuela, sino que se queda en las ramas de los árboles.

Cuando mamá luciérnaga desea que papá luciérnaga venga a la casa debe encender su luz y moverla. Es como si le dijera: «Papá luciérnaga, ven a la casa». Así que cuando el macho ve la luz, vuela a su casa para estar con su familia. Lo que mama luciérnaga

hace con su luz se llama atraer, o sea, llamar y hacer que papá luciérnaga vaya a su lado. Aunque tú y yo no tenemos una luz en la barriga (¡me gustaría tenerla!), Jesús dijo que somos como la luz y que podemos usar nuestra luz para atraer a nuestros amigos a Jesús. ¿Te gustaría atraer a tus amiguitos a Jesús? Espero que sí. Eso es más divertido que ser una luciérnaga.

Oración: Querido Jesús, ayúdame a usar mi luz para atraer a otros hacia ti.

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