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Jesús ama a las actrices porno

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«Todos han pecado y están lejos de la presencia gloriosa de Dios». Rom. 3:23

En 2006, Mike Foster y Craig Gross, dos pastores de California, directores de un ministerio al que llamaron «antipornografía», mandaron a imprimir Biblias con la inscripción: «Jesús ama a las actrices porno» en la portada. El objetivo era regalarlas a los trabajadores de la industria del cine porno. La primera imprenta a la que contactaron les devolvió el dinero y rechazó el trabajo, afirmando que por mucho que apreciaban la intención de los pastores, la inscripción les parecía engañosa e inapropiada.

El objetivo de Foster y Gross era alcanzar a un grupo de personas que de otra forma jamás pensarían en leer la Biblia. Pero ¿fue en realidad una mala idea? Sin duda el título podría malinterpretarse, pero lo mismo le pasó a Jesús: fue muy malinterpretado. Jesús enfrentó muchos problemas que la gente prefería ignorar. Llegó a muchas personas que la sociedad no tomaba en cuenta.

Por lo general se representa gráficamente a Jesús en entornos agradables de la naturaleza; entre ovejas, leones y niños en campos de margaritas. Es la imagen que queremos de él. Nos gusta pensar que nuestro Dios se relaciona con niños y con los animalitos de su creación, pero no con personas «despreciables». Un momento; olvidé mencionar que todos somos despreciables. No te creas el engaño de que hay niveles de pecado. Pecado es pecado. Ser «un poco pecadores como decir que se está «un poco muerto». Solo la gracia de Jesús puede sacarnos de esa situación, y su oferta sigue vigente para todos.

La verdad es que sí, Jesús ama a los actores y las actrices porno. También te ama a ti con el mismo amor que trasciende todo. Los actores de la industria porno, los adictos, los asesinos e incluso los miembros de iglesia (no te sorprendas) tienen la misma oportunidad de llegar al cielo. Jesús nos ve por lo que podemos llegar a ser, no por lo que somos ahora mismo. Si Jesús te juzgara por tu estado actual, ni siquiera llegarías a ver el destello de la puerta del cielo, sino solo el frío abismo de la muerte eterna.

La diferencia es que hoy puedes aceptar la gracia de un Dios que no te califica según tu desempeño. La gracia no tiene un espectro de calificaciones. Simplemente si la quieres, la recibes. Busca a alguien que pueda beneficiarse de esta verdad, independientemente de sus circunstancias de vida.

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