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Los discípulos: fieles a su Maestro desde el 30 d.c.

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«Yo no busco la aprobación de los hombres, sino la aprobación de Dios. No busco quedar bien con los hombres. ¡Si yo quisiera quedar bien con los hombres, ya no sería un siervo de Cristo!». Gál. 1:10

Vender muebles no era precisamente el trabajo que más me gustaba, pero no quería perder más tiempo buscando empleo y esperando a que me llamaran de alguno. Al principio, mi jefe aceptó darme los sábados libres, pero cada vez que comenzaba una nueva semana, veía que intentaba programarme para que trabajara el sábado.

Ya sea por conflictos en el horario o por «olvido» por parte del jefe, a la tercera semana me di cuenta de lo que estaba sucediendo. Así que le pregunté por qué siempre me reprogramaba, a pesar de que habíamos acordado que me daría los sábados libres. Finalmente, me dijo que, si quería mantener el trabajo, debía dejar ese fanatismo religioso.

-Esto es un negocio-me espetó-. No tenemos tiempo para ese tipo de tonterías.

Admitió que esperaba que finalmente cediera a su exigencia y que descartara nuestro acuerdo inicial.

-Bueno -le respondí-, creo que le va a tocar lidiar con eso.

Así como lo oyes. Le dije a mi jefe, la única fuente de ingresos para mi esposa y mi hija, que tendría que «lidiar con eso». Me había tomado varias semanas conseguir adaptarme a un trabajo que no me gustaba. Perderlo, significaba perder mi automóvil; dejar de pagar mis préstamos y no tener dinero para cosas básicas como la comida.

Hubo silencio durante unos segundos. Finalmente, se marchó mirándome con cara de querer matarme. A partir de ese momento, no tuve más problemas por el sábado. El Espíritu Santo intervino a mi favor y tomó el yugo cuando yo más lo necesitaba

«En esta vida no podemos complacer a todos». «Nadie puede servir a dos amos». «¿Vas a saltar de un puente porque todos los demás lo hacen?». Etcétera, etcétera, etcétera. Seguramente has escuchado estas frases desde que eras niño, que significan que elegiste servir a un Dios que no siempre es bienvenido en los asuntos humanos.

No puedes perder tiempo tratando de complacer a todos. Dios tiene cosas mucho más grandes preparadas para ti. Sí, en serio. Es por eso que te llama a seguir sus instrucciones. Cada vez que hagas algo por él, verás cómo otros se acercan a ti en busca de tu aprobación. Cuando eso ocurra, remítelos a tu Jefe celestial.

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