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Camina seguro con Jesús a tu lado

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«En la tranquilidad y la confianza estará su fuerza». Isa. 30:15

Si conoces las películas de Jackie Chan, tal vez te has fijado en que cada escena es básicamente un andamio en el que se escenifican luchas. En todas las películas se muestra como un tipo que tiene el control, calmado y sereno. Incluso con los ojos vendados y balanceándose en un carrito de supermercado, luchando contra una pandilla sedienta de sangre, tiene tiempo para soltar una máxima filosófica.

Toma a cualquier héroe, bien sea hombre o mujer, y encontrarás en ella o en él un montón de virtudes: no se asustan cuando el enemigo se acerca; no dudan, ni pierden la compostura; siempre se muestran firmes y atentos... Por todo eso, la gente ama a estos paladines, cada uno con su respectivo disfraz. Son un torbellino de bondades. Superman rara vez dudaba de su propia fuerza y, aunque lo hiciera, perseveraba. El tipo solo salía a la calle con su obligación de hacer lo correcto.

Ahora, en tu caso personal, la pelea con el enemigo no es tan divertida. No hay robots de seis metros de altura, ni multitudes de ninjas agazapados en tu puerta. Se te opone una banda de miedos, dudas y culpas sin fundamento, y no es posible noquear a esos chicos malos. Tu enemigo lo sabe y se aprovecha. ¿Cómo se puede luchar contra sensaciones y sentimientos? Entonces, comienzas a flagelarte tú mismo, y a Satanás le encanta. Él quiere que te asustes y te sientas incapaz de defenderte. Es ahí cuando te golpea la cruda realidad: no puedes defenderte solo. En tu caso, las virtudes de los héroes de película brillan por su ausencia, son pura ficción.

Sin embargo, hay una fuerza increíble que está de tu lado. Tus pruebas quizá no son tan espectaculares como las de las películas, pero tampoco deben serlo. Recuerda que, en el melodrama aparentemente interminable de tu vida, este caos no es tu dominio natural. Tú provienes de un Creador que dejó las sábanas dobladas en la tumba cuando resucito. El caos no va con él. Satanás es el que es caótico. En silencio, reconoce que es Dios el que te guía, y tu confianza se fortalecerá al saber que te estás dejando dirigir por él.

Tu fuerza reside en Aquel en quien confías, pero, sabías que esto vendría, ¿verdad? Así que, cuando estas temibles fuerzas se abalancen sobre ti y la tormenta comience a convertirse en un tifón, no intentes tratar de luchar por ti mismo. Confía en Cristo.

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