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Como en los días de Noé

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«Habrá tanta maldad, que la mayoría dejará de tener amor hacia los demás. [...] Como sucedió en tiempos de Noé, así sucederá también cuando regrese el Hijo del hombre. [...] Hasta el día en que Noé entró en la barca, la gente comía y bebía y se casaba. [...] Así sucederá también cuando regrese el Hijo del hombre». Mat. 24:12, 38-39

A la gente le encanta hablar de lo buena que era antes la vida y de lo malo que se ha vuelto todo. Crimen, violencia, falta de respeto, amor al dinero, matrimonios destruidos, inmoralidad... Todo solía ser mucho mejor, ¿verdad? Las tasas de divorcio y las estadísticas de delincuencia, guerras, promiscuidad, problemas juveniles, corrupción y consumo de drogas son peores que nunca, ¿cierto? ¿Y no es todo esto una señal del fin del mundo?

¿Realmente está la sociedad peor que nunca? Piénsalo. En la década de 1850, el divorcio era raro, pero la esperanza de vida era mucho menor de lo que es hoy. Si un matrimonio no funcionaba, lo más probable es que ninguna de las partes tuviera otra oportunidad en poco tiempo. Cien años después, los prejuicios raciales y de género seguían a la orden del día. ¿Es la vida mejor hoy que hace cincuenta o ciento cincuenta años? En muchos sentidos, sí.

Hoy el mundo ofrece más oportunidades que nunca y la gente vive vidas más largas, prósperas, saludables y pacíficas. Delitos como el abuso infantil y doméstico, la agresión sexual y los prejuicios raciales ya no se quedan en la oscuridad, como ocurría durante la mayor parte de la historia. Para millones de personas, la «buena vida» es esta y, a pesar de todas las tragedias que no podemos ignorar, la vida es más segura (si no más simple) que nunca. No es precisamente el cuadro que muchos nos han presentado del mundo en sus últimos estertores.

Pero si te fijas bien, esa es la imagen que pintó Jesús: un mundo en el que la gente está tan satisfecha con su autosuficiencia, que apenas piensa en los asuntos eternos. Comparó el fin del mundo con los tiempos de Noé, cuando «la gente comía y bebía y se casaba» como si todo estuviera perfectamente bien y nada fuera a cambiar. Nos recuerda que, aunque la vida luzca hermosa, el sol brille y las flores florezcan, esta va mucho más allá de la mera búsqueda de la felicidad temporal. Hay una eternidad que debemos comenzar a vivir hoy.

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