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El hombre que amaba el mar – 6a parte

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«Mi Dios les dará a ustedes todo lo que les falte, conforme a las gloriosas riquezas que tiene en Cristo Jesús». Fil. 4:19

Gurney buscó papel y lápiz y se lo copió, sin aceptarle el dinero. El hombre le dijo que no sabía leer, pero que alguien se lo leería. Gurney entendía que la canción era la historia de su vida. El Gran Chasco fue un golpe para las esperanzas de Joseph Bates. Sin embargo, se mantuvo firme, uniéndose al pequeño grupo de creyentes que se reunía para estudiar la Biblia. Para 1846, había gastado todo su dinero en difundir el evangelio, pero se sintió llamado por Dios para escribir un folleto sobre su último descubrimiento: el sábado.

Un día, mientras escribía, su esposa Pru le dijo que necesitaba cuatro libras de harina y le pidió que fuera a comprarla. Cuando regresó a casa, Pru se echó a llorar, diciéndole que había gastado hasta su último centavo. «El Señor proveerá», le dijo él. A Pru sus palabras no la tranquilizaron del todo. ¡Él siempre decía lo mismo! Media hora después, Bates sintió la corazonada de que había una carta importante esperando por él en la oficina de correos, así que regresó a la ciudad. Ni siquiera tenía los pocos centavos necesarios para el franqueo, así que le pidió al administrador de correos que abriera la carta. Si había dinero dentro, el administrador podía cobrarse el franqueo y entregarle la carta. ¡La carta tenía un billete de diez dólares! Alabando a Dios, Bates compró un barril de harina y algunos comestibles más, y usó el resto del dinero para imprimir el folleto sobre el sábado.

En 1852, al llegar a Battle Creek, Michigan, se dirigió a la oficina de correos y le pidió al administrador que le informara quién era a su juicio «el hombre más honesto de la ciudad». Bates creía que esa persona estaría interesada en el mensaje adventista. Ciertamente, el presbiteriano David Hewett y su esposa aceptaron las nuevas verdades que Bates les presentó y se convirtieron en miembros fundadores de la iglesia de Battle Creek.

Junto a Jaime y Elena G. de White, nadie hizo más para fundar la Iglesia Adventista del Séptimo Día que este viejo capitán de barco. Cuando la iglesia se tambaleó en la década de 1850, sin una organización sólida, el siempre organizado Bates promovió el orden. Ayudó a dirigir la iglesia por terrenos escabrosos hacia tierra firme.

Adaptado de Heartwarming Stories of Adventist Pioneers, libro 1 y Las aventuras del capitán Joseph Bates, ©2017 Adventist Pioneer Library.

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