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Dios te ama — 1a parte

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«No te dejaré ni te abandonaré». Jos. 1:5, NVI

Damaris tomó a Inés de la mano mientras caminaban por la calle en plena noche. «Presiento que algo malo va a suceder», dijo. Las chicas, de catorce años, se dedicaban a vender libros y revistas adventistas para poder pagar su matrícula. Ya muchos les habían advertido sobre las bandas de delincuentes que dominaban aquellas calles. Ellas no habían planeado salir tan tarde, pero el sol se pone temprano en su país, y el estudio bíblico que Inés estaba dando se prolongó más de lo esperado. La señora que estaban visitando les advirtió que el vecindario era peligroso y les dijo que oraría para que Dios las cuidara en su regreso a casa.

Parte del recorrido incluía algunas calles sin luz. Ellas sabían que si alguien las atacaba estarían indefensas, así que antes de comenzar a caminar, oraron y se aferraron a la promesa bíblica de que Dios nunca nos abandona. Para no sentir tanto miedo, conversaban mientras caminaban. De repente, a lo lejos, vieron siluetas en la oscuridad. Se detuvieron, se tomaron de las manos y oraron.

«Dios está con nosotras», susurró Damaris. Había silencio absoluto.

Cuando se atrevieron a abrir los ojos, vieron a un grupo de jóvenes con pasamontañas. En la oscuridad, ni siquiera sus ojos eran visibles. «¡Hazlo!» ordenó el líder, señalando a uno de sus secuaces. El chico dio un paso adelante y puso un cuchillo en el rostro de una de ellas. «Suelta la mochila o te mato». Inés colocó la mochila en el suelo.

Luego, mirándolo, ella le dijo: «Dios te ama». El maleante miró a su alrededor, sorprendido. «¡Regresa para acá!», le ordenó el líder de la pandilla.

Ambas chicas oraban en silencio para que Dios hiciera un milagro. Inés comenzó a hablar del amor de Jesús.

-Jesús te ama tanto que dejó el cielo para venir a este mundo horrible y morir para salvarte. Jesús murió por ti —dijo.

- ¿Por qué nos estás diciendo esto? -le preguntó el líder—. Vinimos a robarte no a oír un sermón.

– Jesús vino a convertirte de pecador en su seguidor y es nuestro deber hablarte de él continúo diciendo Inés.

Al oírla, el líder corrió hacia ella, sacó una pistola y la sostuvo contra su cabeza.

-Si sigues hablando, te voy a matar.

Continuará…

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