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Y Dios dijo: «Relájate»

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«Pero Moisés les contestó: "No tengan miedo. Manténganse firmes y fíjense en lo que el Señor va a hacer hoy para salvarlos, porque nunca más volverán a ver a los egipcios que hoy ven. Ustedes no se preocupen, que el Señor va a pelear por ustedes». Éxo. 14:13-14

Un príncipe fugitivo con la piel tostada por el sol permanece descalzo delante de un arbusto en llamas. Varas de pastor se convierten en serpientes. Un río se convierte en sangre. El mar se divide para que una multitud de esclavos puedan huir, y después ese mismo mar ahoga al ejército perseguidor. Los ex esclavos cantan y bailan después de haber cruzado ilesos. No es de extrañar que la historia del Éxodo sea tan popular.

A veces pienso en el Éxodo como si fueran esas ofertas de sorteos que me llegan por correo. Por lo general, estos concursos están diseñados para que sean lo más complicados posible. Ponga esta pegatina aquí, y esta allí. Es un truco psicológico: te hacen creer que hay que esforzarse. Te hacen pensar: si hay que hacer todo esto, debe valer la pena. Pero cuando Dios declaró a toda una nación ganadora de su sorteo divino, su plan era totalmente diferente. No había necesidad de saltar por un complicado camino lleno de obstáculos para reclamar su premio como pueblo elegido para habitar la tierra que manaba leche y miel. Era sencillo. Moisés les dijo: «Ustedes no se preocupen, que el Señor va a pelear por ustedes». Fue una demostración increíble de su gracia. Lo único que tenían que hacer era aceptarlo. Lamentablemente, los israelitas no pudieron entender algo tan sencillo. ¿Y tú?

Mucha gente hoy piensa que, si guardamos los mandamientos, Dios nos salvará; pero el Éxodo nos muestra que no es así como funciona. Dios salvó a Israel antes de darles su ley. Pablo dice: «Dios prueba que nos ama, en que, cuando todavía éramos pecadores, Cristo murió por nosotros» (Rom. 5:8).

Dios nos pide que respondamos solo a lo que ya hizo por nosotros. En Éxodo 20, Dios le pide a Israel que guarde el sábado porque él es su Creador. En Deuteronomio 5, Dios le pide a Israel que guarde el sábado porque él es su Salvador: «Recuerda que también tú fuiste esclavo en Egipto, y que el Señor tu Dios te sacó de allí desplegando gran poder» (versículo 15). La naturaleza humana nos hace pensar que no podemos recibir algo a cambio de nada. Pero Dios nos dice: «Relájate, hijo mío. Yo me encargo».

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