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¿Hay vida después de la muerte?

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«Señor, Dios mío, ¡mírame, respóndeme, llena mis ojos de luz! ¡Que no caiga yo en el sueño de la muerte! ¡Que no diga mi enemigo: "Lo he vencido!". ¡Que no se alegre si yo fracaso!>> Sal. 13:3-4

Imagina que vives en la antigua Mesopotamia y estás enfermo. De hecho, estás tan enfermo, que podrías morir. Cuando hayas abandonado este despojo mortal, te colocarán en una caja de madera rodeado de lindas flores. ¿Y después qué?

Si eres egipcio (y tienes algo de dinero) puedes optar por la momificación. Te eliminarán los órganos «no vitales como el cerebro (extrayéndolo por la nariz) y el estómago; preservarán otros (tu corazón y tus riñones); y rellenarán tu cráneo con aserrín o resina. Después de unos setenta días de cuidadosa preparación, te empaquetarán en una tumba con algunos elementos esenciales para que puedas sobrevivir en el más allá. Mientras tanto, el dios Anubis pesará tu corazón para ver si fuiste bueno o malo. Si pesa menos que una pluma, es decir, que no está afectado por la maldad, puedes continuar en la otra vida. Si pesa más, lo siento por ti: una bestia feroz que es un cruce entre un león, un hipopótamo y un cocodrilo, devorará tu corazón.

Mientras que las religiones antiguas tenían elaboradas enseñanzas sobre la vida después de la muerte, representándola mediante imágenes vívidas de lo que los muertos estaban haciendo, el Antiguo Testamento es completamente diferente. La Biblia nos dice que los muertos están en el seol, que significa sepulcro. La Biblia describe el seol como polvoriento, oscuro, seco y silencioso. No menciona un infierno en llamas ni un paraíso inmediato.

El libro Beyond Life: What God Says About Life, Death, and immortality [Más allá de la vida: qué dice Dios sobre la vida, la muerte y la inmortalidad] menciona siete características que el Antiguo Testamento da sobre los muertos: no recuerdan nada de su vida terrenal, no tienen pensamientos, no hablan ni alaban a Dios, no saben lo que sucede entre los vivos, ya no pueden trabajar, ya no participan en la vida humana ni influyen en lo que ocurre en la tierra y los humanos y los animales mueren de la misma manera (p. 86).

Muchos creen que cuando morimos, nuestro espíritu va al cielo, pero eso no es lo que enseña la Biblia. La Biblia describe la muerte como un sueño. El Nuevo Testamento nos dice que un día la trompeta celestial será el despertador que pondrá fin a todos los despertadores.

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