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1888

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«Para que seamos justificados por la fe en Cristo, y no por las obras de la ley; puesto que por las obras de la ley nadie será justificado». Gál. 2:16, LBLA

Cuando Willie White, Alonzo T. Jones, Ellet J. Waggoner y otros pastores adventistas del oeste de Estados Unidos se reunieron en junio de 1888 para discutir asuntos relacionados con las profecías bíblicas y la fe en contraposición con la ley, comenzó a extenderse el rumor de que había «conspiración en California». Muchos adventistas mayores estaban convencidos de que se estaba gestando un plan sombrío que pretendía cambiar todo lo que hacía especial al adventismo; un plan tan oscuro que incluso Elena G. de White estaba involucrada.

Cuando los adventistas llegaron a Minneapolis para el congreso de la Asociación General de ese año, la gente le tenía el ojo puesto a Elena G. de White para ver si los rumores sobre ella eran realmente ciertos. La propia Elena estaba lista para enfrentar actitudes sarcásticas, irónicas y egoístas.

Tanto los adventistas conservadores como los liberales, estaban convencidos de que estaban defendiendo los intereses de la Iglesia. El historiador George Knight nos dice: «La vieja guardia estaba preocupada por las verdades distintivas del adventismo, mientras que estos hombres más jóvenes en el oeste estaban más interesados en el cristianismo básico» (Angry Saints, p. 48). Sin embargo, el error de la vieja guardia fue valorar la naturaleza única del adventismo en sí misma, poniéndola incluso por encima de ser cristianos. Le daban mayor valor a su propia reputación que a las verdades de Dios, especialmente aquellas verdades que instaban a otros a amar al prójimo.

Elena G. de White estuvo a punto de retirarse de la asamblea de ese año, pero tuvo un sueño que la instó a quedarse y a no darse por vencida. Sin embargo, el daño ya estaba hecho. Muchos adventistas comenzaron a ignorar los consejos que provenían de ella si contradecían sus opiniones preconcebidas. El problema, dijo luego Elena G. de White, no era tanto quién tenía la razón, sino las actitudes no cristianas y las mentes cerradas que impedían que las personas aprendieran unas de otras y se unieran.

La buena noticia fue que, por primera vez, muchos adventistas comenzaron a ver ambos lados de las verdades del evangelio. Verdades fundamentales del adventismo, sumamente importantes para los últimos días, finalmente se unieron con el mensaje de salvación a través de la fe en Jesús que había sostenido a los cristianos durante siglos.

Continuará...

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