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Corazones como bloques de hielo

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«Tengo esto contra ti: que has dejado tu primer amor». Apoc. 2:4, LBLA

La controversia de 1888 sobre la justificación por la fe despertó tanto las mejores cualidades del adventismo como las más desagradables. Elena G. de White expresó su frustración sobre sus compañeros adventistas al escribir en su diario lo siguiente: «¿Por qué, entonces, se manifiesta en la iglesia una falta de amor tan grande? Es porque no estamos llevando a Cristo constantemente ante la gente. [...] Podemos presentar una teoría correcta de la verdad y, sin embargo, no manifestar la calidez del afecto que requiere el Dios de la verdad. [...] La religión de muchos es muy parecida a un bloque de hielo: helada. [...] No pueden tocar los corazones de los demás, porque sus propios corazones no están llenos del bendito amor que fluye del corazón de Cristo» (Diario personal, 27 de febrero de 1891; citado por George Knight en Angry Saints, p. 50).

Los actos por sí mismos no salvan. Podemos tener la verdad sobre el sábado, sobre el santuario y el estado de los muertos, pero si no tenemos a Jesús, Aquel que se declaró a sí mismo el camino, la verdad y la vida, nada de lo que tenemos tiene valor. Los ángeles caídos conocen las doctrinas, pero sin una relación con Jesús, están tan perdidos como cualquiera que no las conozca.

Elena G. de White declaró que algunos que tal vez se habrían unido a la Iglesia, la rechazaron porque no encontraron a Jesús en ella. Los adventistas predicaban «temas argumentativos, haciendo escasa mención del poder salvador del Redentor. De entre todos los profesos cristianos, los adventistas del séptimo día deberían ser los primeros en elevar a Cristo ante el mundo» (anotación en el diario, 27 de febrero de 1891; citada por Knight en Angry Saints, p. 50)

La comunidad adventista posee una gran cantidad de verdades que hasta entonces estaban olvidadas: el sábado, el estado de los muertos, los principios de salud. Desafortunadamente, parte de la verdad, fuera de contexto, puede ser una distracción tan grande como el dinero.

¿Cuál es entonces la gran tentación para los adventistas? La misma en la que cae el resto de la humanidad: pensar que lo que hacemos es más importante que nuestra relación con Jesús. El mensaje exclusivo del adventismo nunca será tan poderoso sin el énfasis correcto en el amor de Jesús y su increíble poder para salvarnos cuando nos sentimos desfallecer.

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