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El espacio interior — 1a parte

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<<Por eso no tendremos miedo, aunque se deshaga la tierra, aunque se hundan los montes en el fondo del mar». Sal. 46:2

El autobús azul de la academia llevaba un cargamento de flotadores y de jóvenes por la carretera. Yo iba conversando cálidamente con mis amigos, ansioso de poder lanzarme al agua con mi flotador. El autobús se detuvo junto al muelle, todos tomaron sus flotadores, se metieron al agua y comenzaron a navegar por las deliciosas aguas del arroyo. Mientras tanto yo los miraba desde la orilla y los saludaba. Estúpido miedo, qué pena que no supiera nadar.

De repente, un hombre que se presentó como Bob, se acercó y me preguntó: -¿No vas a entrar? -No sé nadar -le respondí.

-No hace falta -me aseguró Bob—. Vamos, entra al agua, no querrás quedarte sentado en el autobús durante tres horas sin hacer nada, ¿verdad?

Sus palabras me persuadieron y, en un santiamén, había entrado en las oscuras aguas y caminaba lentamente hacia el gran flotador.

«Solo coloca tu trasero en el orificio y recuéstate boca arriba», me aconsejó Bob. Aparentemente, el trabajo de Bob era cargar y descargar nuestro autobús. Hice lo que me indicó y luego me dejé llevar por la suave corriente del río.

Pero mis amigos ya se habían alejado demasiado como para conversar con ellos, así que tenía que encontrar compañía en otro lado. Bob parecía ser una buena opción. Era un buen hombre, tenía el cabello agradablemente desordenado y húmedo, rostro sonriente y al parecer daba buenos consejos. Desafortunadamente, pronto descubrí que también tenía un hijo llamado Shannon.

-¿Por qué le tienes miedo al agua? —preguntó Shannon con fingida inocencia.

-Simplemente no me gusta, eso es todo-levanté el trasero para evitar el roce con algunas rocas que sobresalían de las profundidades—. No sé nadar.

-Bueno, debo decirte -comentó Shannon (por cierto, ¿no te parece que Shannon es nombre de niña?)— que hay caídas de agua más delante, y como le tienes miedo al agua y no sabes nadar, podrías resultar herido de gravedad. Algunas personas se caen de sus flotadores, se hunden y nunca más vuelven a subir.

Al parecer este iba a ser un viaje muy, muy largo.

Continuará...

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