Regresar

El espacio interior — 2a parte

Play/Pause Stop
«No tengas miedo a los peligros nocturnos, ni a las flechas lanzadas de día». Sal. 91:5

Definitivamente, Shannon me estaba poniendo nervioso. Y mi cuerpo entero comenzaba a notarlo: se me puso la piel de gallina, las rodillas me temblaban al ritmo de Rema, rema, rema tu bote, y mis dientes sonaban como castañuelas. La escena era divertidísima... para Shannon.

Por todos los rincones del arroyo se escuchaban mis patéticos gritos de: «¡Me voy a ahogar! ¡Llévame a la orilla y déjame en tierra! ¡Por favor!». Luego de unos segundos de gritos, escuché algo que aceleró mis temblores: el sonido inconfundible del agua al caer. A medida que avanzamos, logré divisar una enorme cascada con una caída de casi 30 centímetros.

-Te recomiendo que te agarres bien-me advirtió Shannon, haciendo las veces de guía del río—. Muchos de los que pasan por estas caídas son absorbidos por la corriente. Se golpean la cabeza en el fondo y mueren instantáneamente de fractura de cráneo.

-¡Cállate, Shannon! -le grité, mientras él se reía. La cascada se acercaba más y más.

-¡Llévame a la orilla! —le rogué—. Por favor. ¡Ayudaaaaa! -estuve a punto de hacer explotar el salvavidas con las uñas.

Y entonces caímos. -Bueno, no estuvo tan mal —comentó Bob alegremente. Pero sus palabras no eran en absoluto consoladoras.

-¡¿No estuvo tan mal?!-le grité-. Casi me muero al estrellarme contra esas rocas, ¿y tú dices que no estuvo tan mal?

La pequeña cascada hizo surgir el horrible lado poético de Shannon, que comenzó a cantar: «Nadie sabe los problemas que he vivido».

-Y nadie quiere saberlos-le sugerí.

Continuamos nuestro viaje, que estuvo marcado por peces fantasmales en el fondo del agua, rocas ubicadas justo como para fracturar nuestros cráneos, juncos que se estiraban como espectros para rozar nuestras piernas, ramas que colgaban de los árboles y se enredaban en el cuello... y un extraño gemido.

-Shannon, deja de gemir así -le ordené, pero él me ignoro. Entonces, volví a escuchar el sonido de otra caída de agua. -¡Nooo!

– Ja, ja -rio Shannon-. Casi puedo escucharte gritando desesperado de nuevo.

En ese momento lo decidí: ¡No gritaría! No permitiría que Shannon siguiera burlándose de mí. Cuando nuestros flotadores se acercaron a la caída de agua...

Continuará...

Matutina para Android