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Un sábado en la nieve

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«Si retraes del sábado tu pie, de hacer tu voluntad en mi día santo, y lo llamas "delicia", "santo", "glorioso de Jehová", y lo veneras, no andando en tus propios caminos ni buscando tu voluntad ni hablando tus propias palabras, entonces te deleitarás en Jehová». Isa. 58:13-14 RV95

Después de disfrutar de un almuerzo durante un sábado nevado, un grupo de jóvenes de la iglesia decidió aprovechar el clima para divertirse en la nieve detrás del templo. Desempolvaron unos cartones y unas llantas viejas y salieron a deslizarse, entre risas, felices de poder disfrutar de la naturaleza. Hasta que uno de los ancianos de la iglesia notó la algarabía. Les pidió que por favor entraran a la iglesia y, con el apoyo del director de Jóvenes, los criticó por transgredir el sábado.

Para los adventistas del séptimo día, el sábado ha sido un tema controvertido desde el principio, ya sea por su observancia, por cuándo observarlo o por cómo observarlo. ¿Quién tenía razón: los adolescentes o sus acusadores? ¿Debe ser el sábado un día de total aburrimiento? ¿Cómo debemos tomar entonces todo este asunto del sábado?

El texto de hoy siempre ha sido controversial. No «haciendo tus caminos», sino llamándolo «delicia». No hablando «tus propias palabras». ¿De qué está hablando Isaías? La frase traducida como «haciendo tus caminos» se refiere, en el hebreo original, a hacer negocios: aquello con lo que te ganas la vida. En mi Tanaj (como se llama en hebreo al Antiguo Testamento), que trae el texto original y la traducción a nuestro idioma, se lo traduce como «procurar tus propios asuntos». Lo que Isaías está diciendo es: «No trabajes en sábado». En ningún momento dice: «No hagas nada placentero en sábado». Lo mismo ocurre con «tus propias palabras», que en el hebreo original es, literalmente: «No pronunciar palabras, y que mi Tanaj traduce como «no negociar». En resumen, este pasaje habla de no tratar el sábado como un día más de negocios o compras, no de un día en el que la diversión está prohibida.

El cuarto mandamiento nos dice que tenemos seis días para trabajar, pero el sábado es tu día para descansar, renovarte y recordar todo lo que Dios ha hecho por ti. Isaías promete que, si hacemos esto, el sábado nos resultará placentero. Y si bien esa alegría nunca debería ser un fin en sí misma (olvidando al Dios que la hace posible), si alguien se inquieta sobre cómo estás disfrutando del sábado, probablemente es esa persona la que necesita un buen descanso.

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