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La controversia del sábado

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«Dichoso el hombre que sigue estos mandatos y los cumple con fidelidad, que respeta el sábado y no lo profana». Isa. 56:2

Cuando Jesús estuvo en la tierra, los dirigentes religiosos habían recargado tanto el sábado con normas y tradiciones, que su propósito se había perdido. Guardar el sábado se convirtió en una carga, ya que las reglas no tenían nada que ver con el propósito original de Dios. Había leyes que dictaban cuán lejos podía alguien caminar en sábado. Otra decía que, si enterrabas comida con anticipación y a intervalos, podías considerar esos lugares tu casa y así caminar más lejos. Había leyes que decían que, si conectabas tu casa con otras casas mediante tablones, se consideraban una sola casa, lo que permitía que pudieras llevar comida entre ellas. Si cosías tu pañuelo a la ropa no se consideraba que lo estabas cargando contigo. Incluso tenían leyes que prohibían cargar a un niño en sábado.

Cuando Jesús reprendió a los fariseos por su legalismo al haberlo acusado de transgredir el sábado sanando, él no dijo que el sábado estuviera a punto de ser abolido. ¡Al contrario! Les dijo que no entendían el asunto, que el sábado fue hecho para bendición de la gente y no al revés (Mar. 2:27).

Dios creó el sábado para bendecirnos. Nos dio un día para descansar de nuestro trabajo y concentrarnos en él y en su obra de creación. Jesús no habría puesto tanto esfuerzo en restaurar el verdadero significado del sábado si hubiera pensado abolirlo. El hecho de que los Evangelios, escritos varias décadas después de la resurrección de Jesús, hagan hincapié en que Jesús guardaba el sábado, sugiere que su observancia aún era un tema importante para los lectores cristianos originales.

Jesús también mencionó que los sacerdotes del templo «transgredían» el sábado cada semana al trabajar. Pero ¿realmente lo hacían? Solo desde un punto de vista legalista. Tenían que llevar a cabo su obra ministerial incluso los sábados. De la misma forma, Jesús no podía tomarse ese día libre durante su ministerio. La obra de salvación era más importante que los requisitos del sábado. Jesús posicionó el sábado como un día especialmente propicio para ayudar a los demás.

Jesús reclamó el título de Señor del sábado, porque él creó el sábado y lo dio a los humanos antes de que pecaran. Él quiere que lo recordemos, no de una manera legalista, sino como un día para experimentar gozo en él.

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