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¿Qué quieres ser?

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«Dios nos ha dado diferentes dones, según lo que él quiso dar a cada uno. Por lo tanto, si Dios nos ha dado el don de profecía, hablemos según la fe que tenemos». Rom. 12:6

Tenía veinte años y estaba comenzando mis estudios universitarios. El problema fue que comencé la universidad sin estar segura de lo que quería ser en la vida. El primer año, tomé clases de Microbiología, que me gustó mucho. Luego tomé tantas «ologías» que terminé con una segunda especialización en Biología. Todas esas clases me gustaban, pero no tenían nada que ver con lo que sería mi carrera. Luego, como siempre me había gustado escribir, tomé tantas clases de escritura como me fue posible.

A mediados de los años sesenta había tres opciones de trabajo para las mujeres: secretaria, enfermera, maestra. Sabía que sería una terrible secretaria. La enfermería no me interesaba. ¿Enseñar? No me molestaba. Así que decidí estudiar Magisterio.

Actualmente hay una gran cantidad de opciones de estudio, lo que hace que sea difícil decidirse por una carrera. Escuché una pregunta interesante: ¿Puede la Biblia ayudarnos a elegir una carrera? Mi respuesta es sí. En la Biblia encontrarás textos sobre el valor del trabajo y la importancia de la integridad. Es importante tener en cuenta tus intereses, tus capacidades y aquello que te entusiasma, para luego pedirle a Dios que te muestre las opciones, y escoger con la seguridad de que Dios estará «contigo donde quiera que vayas» (Jos. 1:9).

Hoy en día, la gente cambia de carrera hasta tres veces. En mi caso, me encantaba enseñar a los niños. Amo a mis hijos, así que incorporé mis propios intereses a mi plan de estudios. Creé una unidad sobre la abolición de la esclavitud, enseñé a los niños la belleza que hay dentro de las hojas y los tallos, así como la importancia de los alimentos saludables y cómo benefician a nuestra sangre y a nuestro cerebro. Cuando dejé de enseñar, comencé a escribir historias que luego me llevaron a escribir libros.

Finalmente, me hice editora. A lo largo de los años, organicé media docena de talleres para escritores y he enseñado escritura creativa más veces de las que puedo recordar. ¡Adivina qué! Todas las clases que tomé valieron la pena, ya que usé mis habilidades de escritura y de enseñanza para enseñar a otros a escribir.

¿Qué quieres ser en la vida? Pídele a Dios que te guíe y te ayude a usar el sentido común. Ahí radica el secreto.

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