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Carta de un nativo

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«Cuando he estado con los que son débiles en la fe, me he vuelto débil como uno de ellos, para ganarlos también. Es decir, me he hecho igual a todos, para de alguna manera poder salvar a algunos». 1 Cor. 9:22

Crecer en Guam significa que, aunque soy estadounidense, para los estadounidenses soy extranjero. A mí me criaron enseñándome a respetar la diversidad étnica de la isla, y crecí dando por hecho que todos los adolescentes estadounidenses tenían ese mismo conocimiento cultural. Si estás planificando ser misionero en Guam, mi tierra, esto es lo que debes saber.

Primeramente, somos hijos de Dios, aunque en Guam no todos lo saben. Algunos ni siquiera conocen a Jesús y tienen costumbres que pueden parecerte extrañas. Por favor, no afirmes que tus creencias son las verdaderas ni menosprecies las de los demás, ya que eso abrirá una brecha desde el primer momento. ¿Por qué mejor no pruebas el método de «amor y servicio» de Jesús?

Sí, en Guam hay baños, pero no todos crecieron con ellos. También es posible que algunos no tengan la costumbre de celebrar los cumpleaños. No intentes celebrarlos a menos que la persona tenga interés; de lo contrario, terminarás en una habitación llena de niños confundidos. Mi consejo es que estudies primero un poco a las personas con las que te vas a relacionar.

No te congregues solo con otros misioneros. Eso se vería exclusivista. Si decidiste viajar tan lejos, únete a la gente local. Socializa. Quedarte aislado rompe con el concepto de comunión que Cristo desea que tengamos.

No nos mires raro, es desagradable. A mí se me dificulta abrirme a alguien si a esa persona le preocupa si mis antepasados eran caníbales. Tal vez lo fueron, pero no me hagas sentir así asustándote cuando me ves. Por cierto, todos llevamos machetes en Guam: es una herramienta para el jardín. Si en el patio de tu casa tuvieras un antiguo bosque que no para de crecer, lo entenderías.

Olvídate de las marcas de ropa o de automóvil. Tal vez piensas que nos impresiona tu conocimiento de ellas, pero tenemos otras cosas en mente, como evitar el impétigo, lidiar con tifones o ganarnos un salario digno. Si deseas impresionar y no sabes de qué hablar, lee Salmo 96:3, que dice: «Hablen de su gloria y de sus maravillas ante todos los pueblos y naciones».

Necesitamos escuchar el mensaje, pero sobre todo necesitamos verte viviendo y haciendo lo que estás afirmando creer. Gracias.

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