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La inspiración puesta a prueba — 1a parte

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«Queridos hermanos, no crean ustedes a todos los que dicen estar inspirados por Dios, sino pónganlos a prueba, a ver si el espíritu que hay en ellos es de Dios o no. Porque el mundo está lleno de falsos profetas». 1 Juan 4:1

Investigar la legitimidad de cualquier autoproclamado mensajero de Dios es complicado, ya que cualquiera puede afirmar muchas cosas no verificables.

Si yo anunciara hoy que Dios me dijo que de ahora en adelante quiere que todos usen chaquetas de cuadros con zapatos amarillos, no hay forma científica de evaluar mis afirmaciones. Pero los escritos de Elena G. de White sobre salud, son un caso diferente. Sus escritos datan del siglo XIX, una época de ignorancia médica generalizada. La ciencia médica ha avanzado exponencialmente desde entonces, por lo que ahora se pueden evaluar los principios que Elena y otros reformadores de la salud propusieron en su época. Esto genera algunas preguntas fundamentales: 1. ¿Cuán precisa fue Elena G. de White en cuestiones de salud?

2. Si obtuvo sus ideas solo de fuentes estrictamente humanas, ¿cuán fidedignos eran esos otros autores?

3. ¿Cómo se compara la fiabilidad de esos otros escritores con la de Elena?

Los investigadores Leonard Brand y Don S. McMahon intentaron dar respuesta a estas preguntas. En «La profetisa y sus críticos, un nuevo y sorprendente análisis que rebate las acusaciones de que Elena G. de White "copió" su mensaje de salud», Brand y McMahon presentan los resultados de su investigación, en la que verifican los escritos de Elena G. de White sobre salud a través de la ciencia moderna, y los contrastan con lo que expresaban los médicos de su época. Los resultados son asombrosos y convincentes:

1. Increíblemente precisa. Si bien en sus explicaciones los «porqués» no siempre son muy rigurosos o verificables, los principios que propuso Elena G. de White son abrumadoramente confiables.

2. La precisión de sus contemporáneos del siglo XIX era mixta, incluyendo numerosos principios que consideraríamos sumamente erróneos hoy en día y que Elena jamás transmitió a sus lectores. Si ella hubiera simplemente tomado prestadas las ideas de otros autores, sin ayuda divina, tendríamos entonces que destacar que tenía una extraordinaria habilidad para elegir los principios correctos e ignorar los que no lo eran.

3. El nivel de precisión de sus contemporáneos palidece en comparación con el de Elena. Claramente esto va mucho más allá de simplemente haber investigado lo que otros habían escrito. El 22 de agosto veremos más detalles sobre los resultados de este estudio.

Continuará...

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