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La bruja de Endor

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«Consultó al Señor, pero el Señor no le respondió», 1 Sam. 28:6

Saúl, el primer rey de Israel, descubrió que su reino se derrumbaba sobre él. Paso a paso fue sustituyendo la sabiduría de Dios por su propio juicio e ignoró el consejo del profeta Samuel. Finalmente, Dios anunció que le daría el reino a otro rey. Saúl estaba desesperado y, cuando buscó la ayuda de Dios a través de todos los canales legítimos, Dios pareció guardar silencio. La situación empeoró cuando Samuel murió.

Sintiendo que no tenía otra opción, Saúl decidió buscar ayuda a través de una fuente que Dios había prohibido explícitamente. El rey rechazado buscó a una hechicera para contactar al profeta muerto. Los cananeos creían que los muertos podían persuadir a los dioses en su nombre, y Saúl esperaba lo mismo.

Disfrazado, Saúl entró a territorio filisteo para encontrarse con la bruja de Endor. Logró persuadirla de que aceptara su pedido. Ella afirmó haber convocado al espíritu de Samuel. ¿La bruja trajo al profeta de entre los muertos? Aunque el autor no hace comentarios directos a este respecto, es obvio por 1 Samuel 28:15 que «Dios me ha abandonado. No me responde ya ni por medio de los profetas». Si Dios no le respondía a Saúl a través de los canales de comunicación divina/humana elegidos por él, ¿por qué emplearía uno que él mismo había prohibido expresamente?

Al comparar las descripciones de los muertos en el Antiguo Testamento con las de otras culturas mesopotámicas, Alexander Heidel concluye sobre la historia de Endor: «Creo que todo el asunto fue un engaño demoníaco, tal y como se menciona en 2 Tesalonicenses 2:9-12» (The Gilgamesh Epic and Old Testament Parallels, p. 189). 2 Tesalonicenses 2:9-12 dice, en resumen: «Satanás usará toda clase de maldad para engañar a los que van a la condenación, porque no quisieron aceptar y amar la verdad para recibir la salvación».

Ciertamente, aquel ser que se hacía llamar Samuel, pero que no era Samuel pues la Biblia deja muy claro el estado de los muertos, pronosticó con precisión el destino de Saúl. Satanás ya sabía el resultado lógico de las acciones del rey y estaba dispuesto a usar incluso la verdad si servía a sus propósitos.

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