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Absalón – 1a parte

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«Como Tamar era virgen, Amnón se enfermó de angustia al pensar que le sería muy difícil llevar a cabo sus intenciones con su hermana». 2 Sam. 13:2, NVI

La lujuria puede atontar a cualquiera. Las consecuencias de seducir a Betsabé y hacer desaparecer a su esposo Urías, persiguieron al rey David el resto de su vida. David incluso perdió el respeto de su pueblo y de su propia familia. Mirando hacia el futuro y visualizando como el pecado de David afectaría a los que lo rodeaban, el profeta Natán dijo: «¿Por qué despreciaste mi palabra, e hiciste lo que no me agrada? Has asesinado a Urías el hitita, usando a los amonitas para matarlo, y te has apoderado de su mujer. Puesto que me has menospreciado al apoderarte de la esposa de Urías el hitita para hacerla tu mujer, jamás se apartará de tu casa la violencia» (2 Sam. 12:9-10).

Y eso comenzó así: Amnón, el hijo de David, comenzó a desear a su media hermana Tamar. Al mirarla desde el otro lado del palacio y por Jerusalén, se obsesionó con ella. Su belleza lo sorprendía cada vez que la miraba, y no podía pensar en otra cosa que en poner sus manos sobre ella.

Su primo Jonadab notó que algo rondaba en la cabeza de Amnón y le preguntó: «¿Qué pasa? Eres el hijo del rey. ¿Por qué te ves tan desdichado? Puedes confiar en mi». Amnón bajó la cabeza y seguidamente miró a Jonadab con una mirada enloquecida. «Estoy enamorado de Tamar, la hermana de mi hermano Absalón». Jonadab lo sabía, sabía que Amnón sufría por una mujer! Y fuera su media hermana o no, ciertamente podía entender que Amnon estuviera tan obsesionado por una mujer tan bella como Tamar. «Ah -dijo Jonadab-, ¡esto es lo que tienes que hacer! Ve a la cama y finge estar enfermo. Luego, cuando venga el rey, dile que te gustaría que Tamar te llevara algo de comer, y ya verás».

Amnón se tumbó en su cama y siguió el plan hasta que Tamar fue a visitarlo. Mientras él la miraba febrilmente, Tamar amasó y horneo pan, que luego puso delante de él. Gimiendo como si sintiera dolor, Amnón ordenó a todos que salieran. «Ahora, Tamar, tráeme la comida a mi habitación -dijo él-, para que pueda comer de tu mano». Y cuando ella lo hizo, Amnón la agarró y le ordenó: «Acuéstate conmigo, hermana». Haciendo a un lado la comida-pues no quería pan, la quería a ella-, la obligó a mantener relaciones sexuales.

Continuará...

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