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Absalón — 2a parte

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«Y había ordenado a sus criados: "Fíjense bien cuando a Amnon ya se le haya subido el vino, y cuando yo les diga que lo maten, mátenlo. No tengan miedo de hacerlo, pues son órdenes mías. Así que tengan ánimo y valor"». 2 Sam. 13:28

Tamar temblaba de miedo y dolor fuera de la habitación de Amnón. Su medio hermano la acababa de violar. Luego, su lujuria mutó en odio y la echó del lugar con pesar y disgusto. Expresando cómo se sentía por dentro, Tamar rasgó su lujosa túnica, amontonó cenizas sobre su cabeza y, llorando de angustia, se tambaleó hacia su casa, donde cayó en brazos de su hermano Absalón.

Absalón abrazó a su temblorosa hermana. «¿Ha estado contigo tu hermano Amnon?», le pregunto. Por dentro estaba hirviendo de rabia, pero su tono de voz era calmado. Los ojos cerrados de Tamar fueron la respuesta que necesitaba. «Calla por ahora. Él es tu hermano», le aconsejó. Entonces Tamar se mudó con Absalón como una «mujer desolada». La ley de Moisés exigía que un violador se casara con la víctima. A diferencia de las prácticas en otras sociedades antiguas en las que las mujeres agredidas eran consideradas simplemente como bienes dañados (una actitud que aún permanece en ciertas sociedades hoy en día), la ley israelita daba un paso adelante y aseguraba que esas mujeres fueran atendidas. Estaban aún muy lejos de la justicia moderna, pero bastante adelante en comparación a los pueblos sin ley que los rodeaban.

David estaba indignado. En base a los rollos del Mar Muerto, la versión de la Biblia Dios Habla Hoy agrega en 2 Samuel 13:21 una línea que falta en otras traducciones: «Pero no reprendió a su hijo Amnón porque, como era su hijo mayor, lo quería mucho». Y así, mientras David actuaba mal enceguecido por el amor que le tenía a su hijo, Absalón tramó su venganza. Esperó dos años antes de atacar. Un día, vigilando a Amnón mientras este estaba en una fiesta, espero hasta que su hermano estuviera borracho y ordenó a sus sirvientes que lo mataran.

Horrorizados por la brutal muerte de Amnón, los demás hijos de David saltaron sobre sus mulas y huyeron. Cuando a David le llegó el rumor de que todos sus hijos habían muerto, se retorció en el suelo y rasgó sus vestimentas de dolor. Cuando los hijos de David regresaron a Jerusalén, tanto el rey, como sus hijos y sirvientes lloraron. Mientras tanto, Absalón se refugió en casa de Talmai, padre de su madre, rey de Gesur.

El quebrantado David, lloró a su hijo pródigo fallecido.

Continuará...

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