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Absalón — 6a parte

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«David subió la cuesta de los Olivos; iba descalzo y llorando». 2 Sam. 15:30

Saliendo de Jerusalén con su séquito, David se topó con amigos, pero también con enemigos. Itai, el geteo, un filisteo que se había convertido a Jehová, le reiteró su apoyo incondicional y el de sus seiscientos hombres. Muchas personas lloraban al ver al rey huyendo. David subía la Cuesta de los Olivos con la cabeza cubierta en señal de duelo. Al enterarse de que su sirviente Ahitofel estaba ayudando a Absalón, suplicó a Dios «que hiciera fracasar los planes de Ahitofel» (2 Sam. 15:31).

En su apresurado viaje, David se encontró con Simei, pariente de Saúl, que lanzando piedras comenzó a insultarlo: «¡Largo de aquí, malvado asesino! ¡El Señor te ha castigado por todos los crímenes que cometiste contra la familia de Saúl para reinar en su lugar! ¡Ahora el Señor ha entregado el reino a tu hijo Absalón, y aquí estás, víctima de tu propia maldad, pues no eres otra cosa que un asesino!» (2 Sam. 16:7-8). Entonces Abisai, empuñando su espada, le dijo al rey: «¿Cómo se atreve este perro muerto a maldecir a su Majestad? ¡Déjeme que vaya y le corte la cabeza!>> (vers. 9). Pero el agotado David no se lo permitió. A lo mejor Dios le había ordenado a Simei que lo maldijera, y si era así, ¿quién podía atreverse a reclamar? Dirigiéndose a Abisai y a todos sus oficiales, dijo: «Si hasta mi propio hijo procura quitarme la vida, ¡cuánto más uno de la tribu de Benjamín! ¡Déjenlo que me maldiga, pues el Señor se lo habrá ordenado! Quizá cuando el Señor vea mi aflicción, me envíe bendiciones en lugar de las maldiciones que hoy escucho» (2 Sam. 16:11-12).

Ya en Jerusalén, Absalón y su séquito recibieron una bienvenida real. Ahitofel le dio algunos consejos perversos, como demostrar su autoridad real tomando a las concubinas del rey. Hecho esto, Absalón y sus hombres discutieron las estrategias políticas. Ahitofel aconsejó atacar de inmediato a David, pues estaba seguro de que matando al rey los demás se dispersarían. Pero Husai, como agente encubierto al servicio de David, recomendó organizar un enfrentamiento. Señaló que nada inferior a una guerra le garantizaría a Absalón apoderarse del reino.

Ahimaas y Jonatán, hijos de los sacerdotes Sadoc y Abiatar, se apresuraron a informar a David sobre los planes de Absalón. Luego, descubiertos por un joven leal a Absalón, se escondieron en un pozo.

Continuará...

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