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Vino nuevo, masa de galletas vieja — 2a parte

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«Nadie corta un pedazo de un vestido nuevo para remendar un vestido viejo. Si lo hace así, echa a perder el vestido nuevo; además, el pedazo nuevo no quedará bien con el vestido viejo Luc. 5:36

Siendo niño, se me presentó una tos muy fuerte viajando con mis padres. Necesitaba tomar un jarabe, pero no soportaba su sabor. Entonces, se me ocurrió una idea genial: ¿y si mezclaba el jarabe para la tos con refresco? Seguramente el mal sabor no se notaría. Para complacerme, mi padre se detuvo en la siguiente gasolinera. Mezclé varios sabores de refresco y luego agregué una cucharada del jarabe. En ese momento entendí por qué nunca han sacado un jarabe para la tos con sabor a refresco. El sabor era horrible. Qué mala decisión. Debí haberme tomado primero la medicina y disfrutar después de la ricura azucarada.

Cuando Jesús explicó a los fariseos que comía con los pecadores porque eran quienes más lo necesitaban, los dirigentes religiosos ya tenían preparada otra pregunta: ¿Por qué Jesús y sus discípulos comían, bebían y celebraban constantemente, y nunca ayunaban como ellos?

Jesús les respondió con otra pregunta: «¿Acaso pueden ustedes hacer ayunar a los invitados a una boda, mientras el novio está con ellos?» (Luc. 5:34). La respuesta era obvia. Una boda es tiempo de celebrar. Luego, Jesús dirigió su mente a las escenas futuras de su muerte, tal vez con la esperanza de que, llegada la hora, algunos entendieran y aceptaran lo que tenía para ofrecerles: «Pero llegará el momento en que se lleven al novio; cuando llegue ese día, entonces sí ayunarán» (versículo 35).

Jesús continuó con una de sus parábolas para ejercitar el cerebro. Les dijo: «Nadie corta un pedazo de un vestido nuevo para remendar un vestido viejo. Si lo hace así echa a perder el vestido nuevo; además, el pedazo nuevo no quedará bien con el vestido viejo». Y agregó: «Ni tampoco se echa vino nuevo en cueros viejos, porque el vino nuevo hace que se revienten los cueros, y tanto el vino como los cueros se pierden. Por eso hay que echar el vino nuevo en cueros nuevos».

El mensaje de Jesús no encajaba con la justicia propia de los fariseos. Sus rituales vacíos habían vuelto su espiritualidad tan seca como un odre viejo. La espiritualidad vibrante que Jesús ofrecía era incompatible con las tradiciones de ellos.

Si queremos probar el vino nuevo que Jesús ofrece, debemos estar dispuestos a dejar de lado nuestras viejas actitudes.

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