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Aferrado a la esperanza

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«Dejemos a un lado todo lo que nos estorba y el pecado que nos enreda, y corramos con fortaleza la carrera que tenemos por delante. Fijemos nuestra mirada en Jesús, pues de él procede nuestra fe y él es quien la perfecciona». Heb. 12:1-2

«Fe», «pactos», la terminología bíblica no es fácil de entender. Cuando creemos entender una palabra difícil, aparece otra. Pero una vez nos familiarizamos con las palabras y los conceptos, se van aclarando el cuadro y la maravillosa promesa.

El libro de Hebreos habla sobre el «nuevo pacto» que nos ofrece Jesús. Pero ¿de qué trata ese pacto? Es el mismo que el Espíritu Santo prometió en la época de Jeremías, cuando los israelitas se rebelaron contra Dios durante su cautiverio en Babilonia.

Hebreos 10:16 cita a Jeremías 31:33-34: «Este es el pacto que después de aquel tiempo haré con el pueblo de Israel -afirma el Señor– Pondré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón. [...] Yo les perdonaré su iniquidad, y nunca más me acordaré de sus pecados» (NVI). Parece difícil de creer que podamos tener una relación así con el ser que gobierna el universo. Esta nueva relación, de corazón, con Dios, significa que ya no tenemos que preocuparnos por cumplir reglas. Significa que ya no tenemos que tener miedo a la muerte (Heb. 2:15). Nuestra relación con Dios nos hace libres.

Hebreos 10:19-23 pinta una imagen maravillosa: «Ahora podemos entrar con toda libertad en el santuario gracias a la sangre de Jesús, siguiendo el nuevo camino de vida que él nos abrió a través del velo, es decir, a través de su propio cuerpo. Tenemos un gran Sacerdote al frente de la casa de Dios. Por eso, acerquémonos a Dios con corazón sincero y con una fe completamente segura, limpios nuestros corazones de mala conciencia y lavados nuestros cuerpos con agua pura. Mantengámonos firmes, sin dudar, en la esperanza de la fe que profesamos, porque Dios cumplirá la promesa que nos ha hecho».

Muchas veces hemos escuchado hablar de la esperanza, pero la fe va infinitamente más allá. La fe es más que simplemente creer; es más que tener esperanza. Si fuera tan solo una u otra, se trataría de un sentimiento con fundamentos inciertos. Pero la fe es esperanza y creencia, multiplicadas entre sí. La fe es certeza y seguridad, basada en lo que Jesús ha hecho por ti. Es lo que nos ayuda a soportar, lo que nos mantiene firmes, perseverando, mientras miramos hacia algo mejor; no solo esperando, no solo sintiendo, sino con absoluta seguridad y convicción.

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