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El auge y la caída de Jeroboam — 3a parte

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«Tú, [me has hechos enojar [...] y me has despreciado». 1 Rey. 14:9

Aunque muchos quedaron impresionados y decidieron seguir a Dios luego de la sorprendente escena que presenciaron en Betel —incluso algunos se mudaron a Jerusalén para vivir y adorar junto al pueblo de Judá-, Jeroboam continuó haciendo lo suyo.

Su plan tenía un problema práctico: necesitaba sacerdotes. Entonces Jeroboam contrató a cualquiera que se presentara para ocupar el cargo, e Israel se hundió más y más en el pecado, adorando a otros dioses. Jeroboam estableció templos para la adoración de Astarot, la diosa de la fertilidad cananea, y dedicó postes de la ciudad en su honor.

Por otra parte, en Jerusalén, en el reino de Judá, Roboam había comenzado bien, pero también cayó en la idolatría. En el quinto año de su reinado, el faraón egipcio Sisac atacó y saqueó Jerusalén. Entonces Roboam, sus oficiales y el pueblo, reconocieron que se habían olvidado de Dios, el cual prometió preservarlos de futuros ataques.

Pero un día Abías, el hijo de Jeroboam, enfermo de muerte, y Jeroboam le dijo a su esposa que buscara a Ahías, el profeta que le había prometido el reino varios años atrás. «Disfrázate y ve-le dijo- para que nadie te reconozca. Llévale de regalo panes, pasteles y miel, y él te dirá si nuestro hijo vivirá o morirá».

La esposa de Jeroboam se dirigió a Silo con un corazón apesadumbrado. Pero, aunque Ahías estaba ciego por la vejez, es simplemente imposible engañar a un profeta.

«¡Entra, esposa de Jeroboam! —saludó Ahías a la sorprendida mujer- ¿Qué haces con ese disfraz?». La mujer enmudeció, así que él continuó: «Me temo que tengo que darte un mensaje directamente. Dile a Jeroboam que Dios le confió el poder, ¡pero él ha sido y sigue siendo el peor rey! Así que esto es lo que sucederá: al que muera de los de Jeroboam en la ciudad lo comerán los perros, y al que muera en el campo, lo comerán las aves del cielo, porque Jehová lo ha dicho. Así que vete a casa, y cuando pises la ciudad tu hijo morirá. Todo Israel llorará por él y lo enterrará, pero él será el único de la familia de Jeroboam que recibirá un entierro decente, porque él es el único de quien Dios tiene algo bueno que decir».

Y así sucedió. Después de la muerte de Jeroboam, su hijo Nadab reinó. Trescientos años después, el rey Josías destruyó el altar de Jeroboam, e hizo arder sobre él los huesos de los falsos profetas.

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