Regresar

Las siete cartas para las siete iglesias — 3a parte

Play/Pause Stop
«Yo conozco tus obras». Apoc. 3:15, RV95

Jesús insta a los fieles de Sardis a regresar a la fe pura. Su experiencia refleja la del cristianismo en los siglos XVI y XVII, que pasó de un redescubrimiento de grandes verdades bíblicas a argumentos sin sentido y al legalismo. Tienen fama de estar vivos, pero están espiritualmente muertos (Apoc. 3:1) e incluso persiguen a otros. Jesús los insta a recordar lo que solían ser, a «recordar», «obedecer», «arrepentirse» y «despertar». Al mismo tiempo, alienta a un remanente fiel que se ha aferrado a la fe pura.

Por otro lado, Jesús habla maravillas de la iglesia de Filadelfia, y no es de extrañar, ya que su nombre significa «ciudad de amor fraternal». Esta iglesia, según muchos eruditos, corresponde a la iglesia del gran despertar del siglo XVIII, cuando muchos abrazaron el cristianismo y los misioneros se extendieron por todo el mundo. Jesús elogia a esta iglesia por sus obras fieles, y declara: «Has cumplido mi mandamiento de ser constante, y por eso yo te protegeré de la hora de prueba que va a venir sobre el mundo entero para poner prueba a todos los que viven en la tierra» (3:10). Aunque esta iglesia, proféticamente hablando, se acerca al final de los tiempos, se libra de la agitación de los últimos días.

Como todos los demás mensajes, el de Filadelfia tiene también un mensaje para las personas que viven en cualquier momento de la historia. Para los que enfrentan los problemas que traerá el fin de los tiempos, las palabras de Jesús aquí nos dicen que sus seguidores se librarán del juicio sobre los impíos. Como Jesús oro en Juan 17: 15: «No te pido que los saques del mundo, sino que los protejas del mal».

En nuestros días, la iglesia de Laodicea es la que recibe la mayor cantidad de prensa y por una buena razón: nos es familiar. Laodicea es un lugar próspero, pero espiritualmente su gente es patética. Jesús los describe como «tibios»; ni flagrantemente impíos, pero tampoco ardiendo por Dios. Lo peor de todo es que piensan que están bien: «Pues tú dices que eres rico, que te ha ido muy bien y que no te hace falta nada; y no te das cuenta de que eres un desdichado, miserable, pobre, ciego y desnudo» (3:17). Jesús los insta a escucharlo llamando a sus corazones, porque no se ha dado por vencido con ellos: «Yo reprendo y corrijo a todos los que amo» (vers. 19).

¿Estás listo para aprender a ver de verdad?

Matutina para Android