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Formación, conflicto, normalización y desempeño

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«Ustedes estudian con diligencia las Escrituras porque piensan que en ellas hallan la vida eterna. ¡Y son ellas las que dan testimonio en mi favor!», Juan 5:39, NVI

Una tarde, me senté en una cafetería de moda, de esas en que se escucha jazz. Era tan elegante, que me preguntaba si colapsarían bajo el peso de su propio ego. Pero ofrecían un jugo de naranja espectacular, así que me quedé.

A dos metros de mí, un grupo de chicas de secundaria hacían un estudio bíblico. Estaban sentadas en silencio formando un círculo, con miradas aburridas, mientras la líder del grupo hablaba sobre lo que pensaba del pasaje que acababa de leer. Las demás apenas podían mantenerse atentas. Su estado de ánimo era cualquier cosa menos espiritual. Sus pensamientos no estaban allí. El estudio termino y la líder seguía divagando; no paraba de hablar. «Como ninguna quiso participar -dijo-, vamos a tratar de tener una mejor conversación la próxima vez».

Antes de que la chica saliera, la abordé para hablar un poco con ella. Le comenté sobre el trabajo de Bruce Tuckman, un psicólogo que en 1965 desarrolló

in modelo de desarrollo de equipos, compuesto de cuatro etapas: formación, conflicto, normalización y desempeño. Todo grupo debe cubrir esas etapas para alcanzar su máxima efectividad.

La formación implica llegar a conocerse para formar un grupo. Si se trata de un estudio bíblico, reúnes personas con ideas afines, conversan de las creencias que tienen en común y tratas de que desarrollen amistad, antes de comenzar a leer la Biblia juntos.

A la chica le brillaron los ojos al entender lo que le decía. Su grupo no hablaba porque ella no los había conectado, ni había fomentado primero la unidad. Pensaba que solo con invitar a las jóvenes a la reunión ocurriría algo mágico.

Luego viene el conflicto. Durante esta etapa los miembros luchan por ocupar una posición en el grupo, y se determina quién liderará.

En la normalización, los integrantes del grupo captan la manera en que va a funcionar. Finalmente, viene el desempeño, que va más allá de reunirse de forma habitual. Deben tener objetivos bien establecidos.

Como me había imaginado, resultó que la chica también estaba nerviosa, lo cual explicaba el tono tan agudo de su voz. En cuanto a mi jugo de naranja, se había terminado, al igual que mi charla, así que salí de la cafetería, orando para que la próxima reunión de las jóvenes fuera más productiva y menos cerrada.

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