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Ezequías versus Senaquerib — 4a parte

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«El Señor dice: "No tengas miedo de esas palabras ofensivas que dijeron contra mí los criados del rey de Asiria"», 2 Rey. 19:6

Cuando los enviados de Ezequías rindieron su informe, el rey se sintió horrorizado. No solo rasgó sus vestiduras (algo que no se hacía a la ligera, porque la ropa era extremadamente valiosa en el mundo antiguo), sino que se cubrió de cilicio, otro símbolo de dolor extremo.

Pero entonces, recordó a su amigo, el profeta Isaías. Seguramente él sabría qué hacer. Le envió un mensaje en el que describía la tragedia que enfrentaba Jerusalén, y le pedía que orara por lo que quedaba de Judá. Pero Dios ya había dado instrucciones al profeta, incluso antes de que llegaran los sirvientes reales. Isaías le mandó a decir que no se preocupara, que Senaquerib había estado teniendo delirios de grandeza, pero que él lo pondría en su lugar. «Yo mismo actuaré en su contra, y el rey recibirá un mensaje de que lo necesitan en su país. Así que volverá a su tierra, donde haré que lo maten a filo de espada» (2 Rey. 19: 7, NTV).

Cuando el rabsaces regresó al cuartel general asirio en Laquis, descubrió que Senaquerib había avanzado para atacar la ciudad de Libna. Pero los espías asirios traían noticias inquietantes. Tirhaca, el rey de la dinastía cusita que gobernaba Egipto, había avanzado hacia el norte para enfrentar a los invasores asirios. Aunque Senaquerib ahora debía superar la inesperada amenaza egipcia, no se olvidaba de Ezequías. Así que envió al rey de Judá una carta en la que detallaba la forma en que había vencido a los dioses de todas las naciones que había conquistado. Y en lugar de posponer su ataque contra el Dios de Judá, lo profundizo. Por orden suya, el rabsaces había llamado a Ezequías farsante (2 Rey. 18:29), pero ahora declaraba que Dios era el farsante (2 Rey. 19:10). El rey asirio catalogó a Dios de mentiroso.

Tan pronto como recibió la carta, Ezequías la llevó al templo, la presentó delante de Dios y oro, diciendo: «Señor, solo tú eres el verdadero Dios, el Creador de todo. Escucha lo que Senaquerib ha estado diciendo. Se está burlando de ti. Asiria ha destruido muchas naciones de derecha e izquierda». Añadió: «Ahora pues, Señor y Dios nuestro, sálvanos de su poder, para que todas las naciones de la tierra sepan que tú, Señor, eres el único Dios» (versículo 19).

Luego, simplemente permaneció en silencio, esperando la respuesta de Dios a su oración.

Continuará...

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