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Reprobados — 2a parte

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«"Esta gente malvada e infiel pide una señal milagrosa; pero no va a dársele más señal que la de Jonás". Y los dejó, y se fue». Mat. 16:4

Jesús les dijo que, aparte de todos los milagros que estaban presenciando, la única señal adicional que verían de su mesianismo sería la «señal de Jonás»; pasaría tres días en la oscuridad y luego regresaría otra vez. Los discípulos se preguntaban: ¿Qué clase de señal es esa?

A medida que la cruz se acercaba, Jesús repetidamente intento preparar a sus discípulos para lo que venía. Más de una vez les dijo frases como: «Voy a Jerusalén, donde los líderes religiosos me van a torturar y asesinar, pero no se preocupen, volveré a la vida».

Pedro, uno de los discípulos más famosos de Jesús porque aparentemente nunca podía quedarse callado, se sintió particularmente conmovido por esas declaraciones, así que llevó aparte al Maestro y trató de persuadirlo, diciéndole: «¡Nunca, Señor! ¡Eso nunca debe suceder!».

¡Así se hace, Pedro! ¡Es una buena manera de ganar puntos con el Mesías! Ahora seguramente serás el primero en el reino.

Espera, no tan rápido.

Imagina la escena en cámara lenta. Jesús se vuelve hacia Pedro y le dice: «¡Apártate de mí, Satanás, pues eres un tropiezo para mí! Tú no ves las cosas como las ve Dios, sino como las ven los hombres» (Mat. 16:23).

Lo siento, Pedro, pero tu pensamiento es humano, no divino. Jesús entonces aprovechó para impartir una de sus lecciones más difíciles: «Si alguien quiere ser mi discípulo, tiene que negarse a sí mismo, tomar su cruz y seguirme. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa, la encontrará».

Si quieres trabajar para Jesús, debes estar dispuesto a arriesgar tu vida y a colocar la causa y la cruz de Cristo por encima de todo lo demás. Por encima del dinero, del poder, de la reputación, de la fama.... Es una paradoja compleja, pero completamente cierta: los que quieran salvar su vida la perderán, y los que pierden la vida por el amor de Jesús la encontrarán.

La historia del cristianismo está llena de personas que dieron la prioridad a otras cosas por encima de la causa y la cruz de Cristo. Personas que apreciaron más las ganancias económicas, el statu quo, su posición de poder... Personas que abrazaron la letra de la ley, pero ignoraron el espíritu de la misma. Que pronunciaron palabras suaves y elocuentes, pero carecían de amor.

Continuará...

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