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Aburre incluso a las piedras

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«Y cada día, en el templo y casa por casa, seguían enseñando y predicando este mensaje: "Jesús es el Mesías"». Hech. 5:42, NTV

La iglesia puede ser aburrida. Sí, lo sé, no estoy descubriendo nada nuevo: a veces la programación de la iglesia aburre incluso a las piedras. Según el profesor de Psicología Richard Ralley, el aburrimiento es una emoción y al igual que sucede con la ira, la felicidad y el miedo, existen razones por las que uno se puede aburrir. Nos aburrimos porque nos frustra no tener nada que hacer y sentimos la necesidad de ser productivos. Esa es la explicación del aburrimiento: nos sentimos mal cuando no somos productivos («Boredom could be good for children», The Guardian, 13 de abril de 2006).

Te sientes aburrido en la iglesia porque no tienes nada que hacer. Estás calentando la banca. Pasas el platillo de las ofrendas y quizás das dinero a los niños tras el Momento Infantil. Asientes con la cabeza durante las pausas del sermón y dejas escapar un «Amén» ocasional. El problema es que no estás haciendo ni la mitad de lo que deberías hacer. Tu aburrimiento se dispara porque en el fondo sabes que amar a Jesús y seguirlo implica mucho más que asistir el sábado a la iglesia.

Despierta y huele el trigo, que estamos en plena cosecha mientras tú sigues ahí sentado. Lo nuestro es difundir el evangelio, llevarlo a todas partes, a las personas que conocemos y a las que no. El sermón semanal es en realidad para recargar las energías suficientes para enfrentar la nueva semana.

Imagina a los miembros de la iglesia primitiva yendo de casa en casa. Ellos habían escuchado de primera mano las historias de Jesús. Algunos incluso fueron sus discípulos originales, sus primeros seguidores. Ellos no tuvieron tiempo de aburrirse. Se impregnaron con el conocimiento de un Dios que los amaba y que enfrentó la muerte por ellos. Fueron a todas partes. No les preocupaba el rechazo, porque el Espíritu Santo encendió en ellos la pasión por compartir el evangelio. ¡Tú estás llamado a hacer exactamente lo mismo!

Puedes echarle la culpa al aburrido sermón, al calor, e incluso al resplandor de los parabrisas de los automóviles estacionados. No se trata de eso. Se trata de que abandones tu posición de descanso, tomes lo que has aprendido y lo compartas con la siguiente persona que Dios ponga en tu camino.

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