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EL ARCOÍRIS DE LA PROMESA

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Mi arco he puesto en las nubes, el cual será por señal del pacto entre mí y la tierra. Génesis 9:13.

Cuando los últimos charcos del diluvio habían desaparecido, Noé y su familia vieron el primer arcoíris cruzar el cielo. Entrelazada entre los colores brillantes de aquel arcoíris, estaba la hermosa promesa de Dios: nunca más enviaría una inundación para cubrir la superficie de la Tierra. Dios no quería que la gente se asustara cada vez que lloviera. En cambio, podrían mirar hacia arriba y ver el arco en las nubes, y saber que él cumpliría su promesa,

Pronto, algunos de los descendientes de Noé comenzaron a dudar del arcoíris de la promesa de Dios. En primer lugar, odiaban a Dios por enviar el diluvio. Otros empezaron a duda de que hubiera un Dios. Así que, la antigua división otra vez tuvo lugar. Los enemigos de Dios se mudaron al valle, para construir un monumento a su incredulidad. “No confiamos en Dios”, dijeron. “Construiremos una torre tan alta que ningún diluvio nos podrá ahogar alguna vez”.

“Antes de que terminara la construcción, la gente ya vivía en la torre. Algunas habitaciones habían sido espléndidamente amobladas y decoradas para ser dedicadas a sus ídolos. Los que no creían en Dios se imaginaban que si su torre llegaba hasta las nubes podrían descubrir las causas del diluvio” (La historia de la redención, p. 75).

Entonces, un día ocurrió. Dios detuvo por completo el malvado plan. Lo hizo mezclando sus lenguas. Los trabajadores que estaban a nivel del suelo, que solían oír los mensajes que les transmitían los trabajadores de los otros niveles, se llevaron una gran sorpresa.

“Traca para tanta tan tan pum”.

"¿Qué dijo? ¿Lo repite otra vez?" Sonaba demasiado raro para creerlo.

Otras voces se metieron en la conversación. “Tipi topo le pe pen pen trun”.

Los ojos giraban y las cabezas se sacudían en incredulidad. Bueno, ¿qué está pasando? Disgustados, los trabajadores se alejaron caminando del trabajo, rascándose sus cabezas. Era demasiado. Todos los que decían “traca para tanta” se fueron por un camino y los que decían “tipi topo” por otro, hasta que la población completa se había dispersado de acuerdo con los sonidos que tuvieran sentido para ellos. Luego, el Señor envió rayos y partió la punta de la torre. La gente no podía dejar de admitir que había un Dios en el cielo. Y pensar que todo esto ocurrió porque simplemente no creían en la promesa del arcoíris!

 


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