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UN IMP0RTANTE VASO DE AGUA

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Antes que clamen, responderé yo; mientras aún hablan, yo habré oído. Isaías 65:24.

Cuando Dios detuvo a Abraham de sacrificar a su hijo en el monte Moriah, proveyó un animal en su lugar. Un carnero estaba atrapado por sus cuernos en un arbusto cercano, y Abraham lo ofreció en lugar de Isaac. Aliviado y feliz, rápidamente desató a Isaac, y padre e hijo se abrazaron por un largo rato. Abraham llamó al lugar “Jehová-jireh”: “el Señor proveerá”.

Y luego, Dios le prometió a Abraham que su hijo Isaac sería padre de una nación tan grande que sería numerosa como las estrellas del cielo.

 Los años pasaron, y Abraham nunca olvidó aquella promesa sobre el monte Moriah. Tres años después de que Sara muriera, cuando él tenía alrededor de 140 años e Isaac tenía 40, Abraham sintió la urgente necesidad de encontrar una esposa para su hijo. El Señor había provisto una ofrenda tiempo atrás, y ciertamente él los podía guiar en la selección de una esposa, de manera que esa promesa de una gran nación pudiera ser cumplida.

 Llamando a Eliezer, su siervo de confianza, Abraham le hizo prometer que encontraría una esposa apta para Isaac. “Hay muchas mujeres aquí en Canaán, Podríamos unir a Isaac con alguien inmediatamente”, ofreció Eliezer.

 “No”, replicó Abraham con firmeza. “Todos ellos adoran ídolos. Una esposa de entre los cananeos no sería seguro. No, debes ir a la Mesopotamia, donde vive mi familia extendida. Podrían no estar completamente libres de la idolatría, pero por lo menos conocen algo acerca del verdadero Dios.”

Eliezer tomó diez camellos y se dirigió hacia el norte para el largo viaje. La gran responsabilidad de encontrar una mujer para el hijo de su amo llevó su mente hacia Dios. Necesitaría ayuda divina para encontrar a la joven correcta.

Estaba anocheciendo cuando llegó a la ciudad de Nacor; sus piernas estaban doloridas por la caminata; y sus labios, resecos por la sed. Las jóvenes mujeres de la ciudad estaban acercándose al pozo para llenar sus cántaros. Eliezer tenía sus camellos arrodillados para que descansaran un poco mientras él inclinaba su cabeza y ofrecía la primera oración registrada en la Biblia:

"Sea, pues, que la doncella a quien yo dijere: Baja tu cántaro, te ruego, para que yo beba, y ella respondiere: Bebe y también daré de beber a tus camellos; que sea ésta la que tú has destinado para tu siervo Isaac: y en esto conoceré que habrás hecho misericordia con mi señor” [Génesis 24:14]

 


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