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TODAS LAS COSAS AYUDAN A BIEN

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Sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados. Romanos 8:28.

¡Que emoción! ¡Qué momento especial! Los hijos de Jacob regresaron a casa con l las buenas nuevas de que José todavía estaba vivo.

 Al principio, Jacob no podía creer lo que escuchaba y pensó que debía haber un error; pero sus hijos, finalmente, lo convencieron. Ahora tenían que contarle a su padre la verdad. Jacob estaba pasmado al descubrir lo crueles que habían sido sus hijos, que habían vendido a su propio hermano como esclavo. Sin embargo, también lo consolaba ver cuán verdaderamente arrepentidos estaban.

 La siguiente cosa para hacer era empacar y mudarse a Egipto. Se desarmaron las tiendas, se juntó el rebaño, y se empaquetaron la ropa y los utensilios, para el largo viaje. Finalmente, la larga caravana de Jacob, con sus hijos y sus esposas, y los sirvientes se dirigió camino al sur, hacia Egipto.

José salió a recibirlos con sus siervos y carros, y toda la pompa de la corte real. Pero, una vez que estuvieron lo suficientemente cerca, José no se pudo contener más. Saltando de su carro, corrió con los brazos extendidos para encontrarse con su anciano padre. Fue un saludo extremadamente emotivo. La Biblia nos da solo un pequeño vistazo de la escena: José “se echó sobre su cuello, y lloró sobre su cuello largamente” (Génesis 46:29).

Jacob sintió que era suficiente. “Ahora puedo morir, pues he visto tu rostro”.

Pero Dios tenía otros planes. El querido anciano Israel vivió otros 17 años. Faraón le dio a la familia de José la tierra de Gosén, y allí el viejo patriarca pasó sus últimos años feliz y gozoso, con su familia reconciliada. Luego, tranquilamente, dejó este mundo. Fue un funeral largo y triste, con semanas de luto. Finalmente, enterraron a Jacob en la cueva de Macpela, al lado de Sara, Abraham, Isaac, Rebeca y Lea.

Después del funeral, José tuvo otra ocasión para llorar. Sus hermanos pensaron que podría vengarse ahora que su padre estaba muerto. Cuánto habían malinterpretado su verdadero amor por ellos Esto lastimó a José, y lloró. “Ustedes pensaron el mal contra mí pero Dios lo encaminó para bien”, dijo.

No todas las cosas que ocurren son buenas, pero, para aquellos que aman a Dios, todo se resuelve para bien al final.

                                                     


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