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CACERÍA SATÁNICA DE BEBÉS

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Por la fe Moisés, cuando nació, fue escondido por sus padres por tres meses, porque le vieron niño hermoso, y no temieron el decreto del rey, Hebreos 11:23.

Los años tranquilos en la tierra de Gosén habían sido buenos para los hijos de Israel y sus familias. Dios les había dicho que no temieran descender a Egipto, porque allí él haría de Israel una gran nación. Para cuando los doce hijos de Jacob murieron, esta promesa estaba en camino de cumplirse. La familia había crecido considerablemente.

Una nación entera estaba emergiendo justo bajo las narices de los egipcios. La Biblia dice: “Y se llenó de ellos la tierra” (Éxodo 17). A nadie le importó al principio, pero “se levantó sobre Egipto un nuevo rey que no conocía a José” (vers. 8). Y a él sí le importó. No es que era totalmente ignorante acerca de José y de todo el bien que había hecho por Egipto, pero sospechaba que los hebreos se volverían contra Egipto durante alguna guerra y terminarían conquistando el país entero.

La política egipcia no le permitía enviarlos de regreso, así que tenían que inventar alguna otra manera de ocuparse de ellos. Pronto, los tuvo trabajando para él, pensando que el trabajo duro los reduciría en número; cosa que no ocurrió. Había una sola cosa que hacer ¡matar a todos los bebés varones!

Faraón no pensó este plan por sí solo. “Satanás fue el instigador de este plan, Sabía que entre los israelitas había de levantarse un Libertador; y al inducir al Rey a destruir a los niños varones, esperaba derrotar el propósito divino” (Patriarcas y profetas, р. 247).

Cuando el decreto del Rey estaba en plena ejecución, un bebé varón les nació a Amram y a Jocabed, de la tribu de Leví. -

¿Qué hacer? ¿Podrían esconder al bebé?

Satanás organizó a los soldados para perseguir a esos bebés varones, pero muestro texto de hoy dice que estos padres tuvieron suficiente fe en el Señor para creer que su pequeño sería protegido. Lo escondieron pero, después de tres meses, tenían que hacer algo más. Se estaba convirtiendo en un bebé grande, y cuando se reía o lloraba muchas personas también podían oírlo.

Tanto Amram como Jocabed creían que Dios estaba por levantar a un Libertador de su gente, y ellos estaban decididos a evitar que su pequeño fuera sacrificado. No se iban a dar por vencidos ante esas órdenes malvadas, inspiradas por Satanás, de arrojar a todos los bebés varones en el río.


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