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FALSIFICACIONES QUE SERPENTEAN

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No tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. Efesios 6:12.

Moisés y Aarón se dirigieron al palacio del Rey, bajando por el largo pasillo de columnas relucientes, pasando por las grandiosas estatuas esculpidas y las pinturas caras, y entraron derecho al salón del trono, donde se sentaba el Faraón y todos sus ayudantes lo atendían. De nuevo, Moisés y Aarón le pidieron que dejara ir a Israel.

“¡Muéstrenme un milagro!”, demandó Faraón. “Pruébenme que vienen en el nombre de su Dios”.

El Señor les había dicho a Moisés y a Aarón qué hacer cuando el Rey pidiera tal cosa, Moisés habló en voz baja a su hermano, dándole la orden del Señor. Luego, Aarón arrojó su bastón, y este comenzó a serpentear y reptar por el piso, enfrente del Rey. Faraón se sentó indiferente. No estaba impresionado. Llamó a sus hombres sabios y magos y, cuando ellos arrojaron sus bastones, estos también se convirtieron en serpientes. Pero, mira: ide pronto había una sola serpiente La vara que Aarón había arrojado reptó por el salón devorándose a todas las otras.

“Esto no es el poder de Dios en absoluto”, se sonrió el Faraón con un aire de superioridad. “Es solo un mejor tipo de magia”.

Pero era más que eso. La serpiente de Aarón era genuina, una serpiente viva. Las varas que los magos habían arrojado se habían convertido solo en aparentes serpientes,

Satanás intentó hacer que Moisés y Aarón parecieran nada más que magos. Esperaba sacudir su fe,

Satanás tenía también una razón más profunda para hacer serpientes falsas. “Falsificando la obra que Dios hacía por medio de Moisés, esperaba no solo impedir la liberación de Israel, sino también ejercer una influencia que, a través de las edades venideras, destruiría la fe en los milagros de Cristo. Satanás trata constantemente de falsificar la obra de Jesús para establecer su propio poder y sus pretensiones. Induce a los hombres a explicar los milagros de Cristo como si fueran resultado de la habilidad y el poder humanos. De esa manera, destruye en muchas mentes la fe en Cristo como Hijo de Dios, y las lleva a rechazar los bondadosos ofrecimientos de misericordia hechos mediante el plan de redención” (Patriarcas y profetas, p. 269).

 

 


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