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DIOSES APESTOSOS

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Para que conozcas que no hay como Jehová nuestro Dios. Éxodo 8:10.

Moisés y Aarón encontraron al Faraón en el río. El Rey bajaba con frecuencia a adorar al dios Nilo, pero ese día el servicio de adoración sería frustrado. Había declarado: “No conozco al Señor”, así que Moisés y Aarón estaban a punto de presentarle al Dios que tenía control sobre toda la naturaleza.

Extendiendo su bastón, Aarón golpeó el agua, que se convirtió en sangre. No era un simple color rojo de colorante de alimentos, sino que era sangre real. Los peces murieron y el río entero apestaba. Y eso no era todo. Aun las aguas almacenadas en piletas y vasijas se volvieron sangre. Los egipcios tenían que cavar para obtener agua a lo largo de todo el Nilo. Los magos probaron su abracadabra, y el agua en los pozos recientemente perforados se volvieron rojos también. Otra vez el Faraón no fue impresionado. Obstinadamente, marchó hacia el palacio, rehusando creer en Moisés y en Aarón. La plaga de sangre continuó por siete días.  

Otro de los dioses egipcios estaba por recibir una sacudida, Nuevamente, el bastón fue extendido sobre las aguas, y sapos salieron saltando por toda la orilla del río. La tierra estaba llena de sapos. Los egipcios no podían creer lo que veían sus ojos, pero sus pies les decían que era la verdad. Por cada lugar donde pisaran, los sapos estaban bajo sus pies. El dios sapo era demasiado sagrado como para destruirlo, lo que hizo muy difícil la situación. Era casi imposible caminar sin aplastar a las criaturas, así que los egipcios tenían que andar en puntas de pie durante esta plaga.

Los magos probaron un truco de sapos, y también tuvieron éxito en hacer algunos sapos falsos, pero había una diferencia. Los sapos reales no se irían. Eran como un enjambre que estaba en todos lados: en las calles, en las casas, en las habitaciones y en las cocinas. Cuando Faraón se metió en la cama con alguno de ellos, fue demasiado. Llamó a Moisés y a Aarón.

Se estableció un tiempo específico para que la plaga terminara. Faraón esperaba secretamente que los sapos se fueran por ellos mismos, pero cayeron muertos justo cuando fue programado. Dios podría haber hecho que volvieran al agua y desaparecieran, pero sabía que Faraón y sus hombres asegurarían que era algún tipo de magia, así que los sapos muertos tuvieron que ser untados en montones. Sus cuerpos putrefactos crearon un problema real de contaminación aérea.

Como dijo Moisés en nuestro versículo de hoy, esto se hizo para que el Rey conociera el poder del verdadero Dios.

 


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